Netflix: conexión perdida (ensayo del Apocalipsis)

05 Jul 2012 --- People busy browsing their smartphones during the 4th of July fireworks event in Manhattan, New York city. --- Image by © Mohammad Moniruzzaman/Corbis

Por ANDRÉS TAPIA

Otoño 2018, barrio de la Colonia Cuauhtémoc, Ciudad de México. Un camión del servicio de limpia cuya altura regular ronda los cuatro metros pero debido a la cantidad de basura que transporta ha crecido en tamaño, acelera y troza un cable de fibra óptica suspendido sobre una calle principal. De ese cable depende el suministro de Internet de al menos diez hogares.

La compañía propietaria de la línea tarda una semana en atender las quejas de los afectados y repararla. Durante ese tiempo, los usuarios del servicio carecen de acceso a Internet y por ende de canales de televisión y plataformas de música por streaming. No se pierden de mucho si se considera que disponen de una biblioteca mediana y una colección, digamos, humilde de CD’s y películas en formato Blu Ray. Pero si no las tienen habrán de vivir una semana por demás aburrida.

Sobrevivirán, por supuesto, al tedio de depender de una conexión para su información y entretenimiento.

La vida seguirá.

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El año de 1972, Umberto Eco publicó un ensayo titulado La nueva Edad Media. En él retomaba una serie de premisas expuestas ese mismo año por otro intelectual italiano, Roberto Vacca, en el libro La próxima edad oscura. Para el planteamiento de su ensayo, Eco retomaba un escenario ficticio planteado por Vacca en su obra:

“Un día, en Estados Unidos, la coincidencia de un atasco de autopistas con una paralización del tráfico ferroviario impide que el personal de relevo acceda a un gran aeropuerto. Los controladores no relevados, vencidos por el estrés, provocan la colisión entre dos cuatrirreactores que se precipitan sobre una línea eléctrica de alta tensión cuya carga, repartida entre otras líneas ya sobrecargadas, provoca un blackout como el que sufriera Nueva York hace algunos años. Salvo que esta vez es más radical y dura varios días. Como nieva y las calles están bloqueadas, los automóviles forman monstruosos atascos; en las oficinas, se encienden fuegos para calentarse, estallan incendios y los bomberos no logran llegar a los sitios para apagarlos. La red telefónica queda bloqueada bajo el impacto de 50 millones de personas aisladas que tratan de comunicarse. Se inician marchas por la nieve que ocasionan víctimas que se abandonan en las calles”.

El escenario dispuesto por Vacca y retomado por Eco es, hasta este momento, dantesco. Pero no culmina ahí:

“Los viandantes, privados de aprovisionamientos de toda clase, intentan apoderarse de refugios y mercancías; entran en acción las decenas de millones de armas de fuego vendidas en Norteamérica. Las fuerzas armadas asumen el poder, pero son víctimas también de la parálisis general. La gente saquea los supermercados, en los hogares se acaban las reservas de velas, aumenta el número de muertos a causa del frío y el hambre, y en los hospitales los enfermos mueren por falta de cuidados”.

La imaginación –disparatada–de Vacca, y el visto bueno –y pesimista–de Eco, rayan en lo improbable. Pero no en lo imposible. Si no leyeron bien o lo olvidaron, repito: el texto fue escrito en 1972.

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Es el año 2019. Una cofradía de hackers rusos, norcoreanos, chinos y estadounidenses, cuyas intenciones pueden ser meramente libertarias, comunistas, adolescentes o terroristas, desarrollan y propagan un virus cibernético que, alternativamente, inhibe los sistemas de defensa de las grandes potencias occidentales a la vez que incapacita el comercio en línea de Amazon, iTunes y Google, entre otras, la transmisión vía streaming de música y video de plataformas como Netflix, Prime Video, Pandora y Spotify, y la comunicación a través de todas las redes sociales existentes.

En el primer caso, es justo decir que las consecuencias serían mejor narradas y descritas en una reedición de la serie X-Files o en la siguiente temporada de Black Mirror. Del segundo caso, al que nadie da importancia porque escuchar música o mirar televisión es hoy algo tan simple como girar una llave para ducharse o activar un interruptor para tener luz, es acaso necesario contar una historia ficticia, improbable, pero ciertamente posible.

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Es un día de abril del año 2019. Una conspiración de envergadura mundial ha tenido lugar y tu teléfono inteligente hoy no es más que un simple teléfono. Puedes llamar a quien quieras, si es que has memorizado su número. Si no, estás perdido. Es decir, si no conoces el teléfono de tu madre, de tus hermanos, de tus mejores amigos, de tu esposa, no podrás llamarlos porque el virus cibernético que se está propagando sobre la Tierra también tiene la capacidad de borrar los datos que están en la nube. Y como nunca imaginaste que esto podría ocurrir, jamás se te ocurrió grabar tales datos en el mejor y más amplio disco duro que ha conocido la humanidad: tu cerebro.

Voyerista irredento pero ciertamente miserable, te gustaría mirar en BBC News, en RT, en la app de The New York Times o en algún sitio, cómo los corredores de bolsa se arrojan desde los pisos superiores de los edificios de Wall Street y dejan sus sesos esparcidos en el asfalto. Nada que mirar y nadie a quien twittear.

Incapaz y vencido, te sientas en el borde de una acera y recuerdas una canción de R.E.M. que le da sentido a todo esto: “It’s the End of the World as We Know It (And I Feel Fine)” y quieres escucharla. Pero no, no puedes, tú no pagas por música, escuchas lo que escuchas en Spotify. Y a Spotify, como a todo el mundo, se lo llevó el carajo.

Así que te vas a casa, caminando, porque Uber, Didi y Cabify también han sido afectadas por el virus que va a devolver a la humanidad a la Edad Media… y tú no sabes qué fue, qué es, qué va a ser la Nueva Edad Media de la que hablaba un imbécil llamado Umberto Eco cuando tú ni siquiera eras el óvulo de un óvulo y el esperma de un esperma, una idea simple y primigenia, una intención siquiera… ¡carajo!

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Mientras te sientas en el sillón que para ti es un trono y sobre el cual eres un rey, aguardas con impaciencia inédita que tu teléfono de línea fija suene. ¿Hace cuánto tiempo sonó por última vez?

Hiciste algo mal, lo reconoces, y tienes la dignidad de arrojar tu iPhone X contra la pared y mirarlo hacerse añicos.

Te enjugas una lágrima con violencia al tiempo que enciendes la consola PS4 que de manera automática hará encender la pantalla de televisión.

Sabes y recuerdas que hace una semana miraste Bandersnatch y tomaste una decisión errónea. Hoy no será así. Empezarás de nuevo, todo esto pasará, esta pesadilla pasará, y aprenderás a comprar música y películas: CD’s, Blu Ray’s y también discos de vinil.

Y cuando llegue el Apocalipsis e Internet colapse, las redes colapsen y todo el mundo colapse, podrás escuchar la música que quieres, que querías, sin pedirle ni implorarle nada a la nube… esa nube que hoy se ha disipado para dar lugar a un cielo imposible… pero probable.

“Netflix: Conexión perdida. Intentando reconectar en 240 segundos…”

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