Los dinosaurios

Por ANDRÉS TAPIA

El 15 de diciembre de 1983, el cantautor argentino Charly García se presentó en la sala de conciertos Luna Park, de Buenos Aires, para presentar Clics Modernos, el segundo álbum solista de su carrera. Cinco días atrás, la Junta Militar que gobernó Argentina por espacio de siete años, entregó el poder a un gobierno constitucional. Una canción de ese disco, “Los dinosaurios”, hacía alusión a la brutal herencia de los militares: treinta mil personas desaparecidas.

Los amigos del barrio pueden desaparecer

Los cantores de radio pueden desaparecer

Los que están en los diarios pueden desaparecer

La persona que amas puede desaparecer

Los que están en el aire pueden desaparecer

Los que están en la calle pueden desaparecer

Los amigos del barrio pueden desaparecer

Pero los dinosaurios van a desaparecer

Pertrechado detrás de un piano, con una voz casi infantil, García cantaba acerca de las ausencias y las emociones relacionadas con la indefensión y la orfandad que se producen cuando “La persona que amas puede desaparecer”.

Muchos años después, a despecho de sí mismo, García declaró en una entrevista con la revista Rolling Stone: “Juro que cuando la escribí no pensé en los militares. La letra tenía más que ver con el sentimiento de ausencia que se produce en uno cuando pierde algo, desde un amor hasta el cepillo de dientes”.

Se contradijese, o no, era demasiado tarde: en la memoria colectiva “Los dinosaurios” representaban un triste, doloroso y simbólico alfiler que nunca podría ser extraído sin que la sangre volviese a brotar no solamente en referencia a los desaparecidos en Argentina, sino también a esas personas que en otras ciudades y países, en contextos iguales o parecidos, se habían esfumado sin dejar rastro.

No estoy tranquilo mi amor

Hoy es sábado a la noche

Un amigo está en cana

Oh mi amor

Desaparece el mundo

Si los pesados mi amor llevan todo ese montón

De equipaje en la mano

Oh mi amor, yo quiero estar liviano

Cuando el mundo tira para abajo

Es mejor no estar atado a nada

Imaginen a los dinosaurios en la cama

Hace dos días, en México, en lo que supuso un brutal pero necesario ejercicio de la imaginación, a modo de protesta desaparecieron todas las mujeres del país. En las calles, en las oficinas, en los bares, en las peluquerías y en las aceras, millones de hombres parecieron por un momento los síntomas de una epidemia mortal y los seres más solitarios e indefensos del universo.

Fue así porque durante mucho tiempo, y es posible que haya sido durante todo el tiempo, creyeron que podían gobernarlo todo, a todos y a todas, y no sólo eso: también atentar en contra de ellas.

Hay desapariciones forzadas y sólo desapariciones. La de hace dos días fue tan sólo un simulacro que, sin embargo, debería derruir y derrumbar los orgullos, las ideas preconcebidas, los prejuicios y las taras de una sociedad, la de México, que desde hace mucho tiempo se dirige hacia su colapso y desaparición.

Los amigos del barrio pueden desaparecer

Los cantores de radio pueden desaparecer

Los que están en los diarios pueden desaparecer

La persona que amas puede desaparecer

Los que están en el aire pueden desaparecer

Los que están en la calle pueden desaparecer

Los amigos del barrio pueden desaparecer

Pero los dinosaurios van a desaparecer

Y acaso, si somos capaces de imaginar los modos inciertos de la soledad primigenia, tendremos alguna oportunidad en el futuro. Un futuro que Charly García atisbó hace 37 años y del que supo que si bien todas las personas podían desaparecer, solamente los dinosaurios iban a desaparecer.