Por ANDRÉS TAPIA

La definición más simple y cierta que tengo de la música, la recibí de un hombre regordete, pequeño y talentoso que al día de hoy debe estar muerto. Se llamaba David. David D’León.

Tenía yo entonces 12 años, una guitarra que me había regalado mi padre y faltaban tres meses para que Mark David Chapman asesinara a John Lennon.