Por ANDRÉS TAPIA

José Ramón: Las cosas buenas se hacen en silencio… espero me perdones que hoy tenga que gritarlas.

Juan Silvestre tiene 25 años, pero aparenta menos, quizá 18. Duerme seis horas diarias, a veces menos, pues tiene dos empleos: durante los días es el portero de un edificio de apartamentos de un barrio de moda en la Ciudad de México; por las noches, en cambio, se encarga de cuidar un conjunto de establecimientos comerciales.

Su nombre posee la estética propia de un personaje de una novela de Gabriel García Márquez o de un relato de Juan Rulfo. Y su imagen, la de todos los días, la que exhibe a los habitantes y transeuntes de la calle en la que trabaja, es una imagen de dignidad, respeto y decencia.