Por ANDRÉS TAPIA

A Jacobo Salleh, el único amigo con el que sería feliz en una juguetería

Hace algunos años me robé un libro de la Biblioteca Benjamín Franklin de la Ciudad de México, un libro que nunca devolví. Se trata de una edición de 1980 de El arpa de hierba, de Truman Capote, publicada por la editorial Arcos Vergara y que aún hoy –con las pastas casi desprendidas, las hojas amarillentas como la hepatitis más cruel y todavía el sello, el chip metálico y la ficha bibliográfica– me acompaña.