Por ANDRÉS TAPIA

El invierno de 1981 resolví el misterio de un juguete creado detrás de la Cortina de Hierro –específicamente en la ciudad de Budapest, Hungría–, que con los modos del contrabando había logrado evadir las tiránicas reglas del Pacto de Varsovia y se había vuelto popular en Occidente a partir de haber sido nombrado en 1980 “Juguete del año” en las ferias de Estados Unidos, Reino Unido y la República Federal Alemana.

Veintiséis piezas cúbicas unidas a través de un eje central habían sido emplazadas para formar un cubo cuyos seis lados –cada uno compuesto de nueve facetas alineadas en columnas de tres– exhibían cada uno un color distinto. El reto que ofrecía dicho juguete, tras hacer rotar aleatoria y caprichosamente sus 26 piezas, implicaba devolver el cubo a su posición original con todos los colores alineados. Ello significaba una sola respuesta correcta entre 43 trillones de posibilidades.

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