Por ANDRÉS TAPIA

La imagen posee un dejo de poesía en tiempos en los que la poesía es un commodity arcaico que muy poca gente adquiere. Por ello mismo, se eleva tan lenta y torpemente como un albatros, esa ave marina que necesita de una corriente de aire considerable para alzar su primer vuelo, pero que, una vez que despega sus patas de la arena, excepto en temporadas de apareo, es casi imposible volver a contemplarla en tierra firme.

Tres camionetas modelo Suburban de la automotriz General Motors que forman parte del convoy que protege al actual inquilino de la Casa Blanca, adelantan a una mujer en bicicleta que, al caer en la cuenta que protegen a Donald Trump, levanta su brazo izquierdo y, con la mano correspondiente, exhibe en alto su dedo medio: esa señal rotundamente sexual y machista que, a un mismo tiempo, supone un insulto y una afrenta: “¡Que te jodan, Donald!”.