Por ANDRÉS TAPIA

En la mitología griega, Sísifo —el astuto rey de Corinto, ladrón consumado y embaucador por excelencia—somete a Tánatos (dios de la muerte) cuando éste se presenta ante él para hacerle pagar una afrenta perpetrada en contra de Zeus, y lo encadena. En consecuencia, durante algún tiempo nada ni nadie puede morir.

Hades, guardián del inframundo y hermano de Zeus, impreca a éste y le exige libere a Tánatos. Zeus envía entonces a Ares, dios de la guerra, a cumplir con este cometido; tras conseguirlo, Sísifo es enviado al inframundo. Pero el rey de Corinto, anticipando una situación así, tiempo antes había solicitado a Mérope, su esposa y una de las siete Pléyades, que cuando muriese dejase insepulto su cuerpo y no le ofreciese ningún ritual funerario.

Sísifo se queja ante Hades por las omisiones de Mérope y solicita su venia para volver a la vida y castigarla por ello. Pero Sísifo no tiene intenciones de regresar al inframundo. Y no lo hace hasta que, después de muchos años, muere por segunda y definitiva ocasión.

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Por ANDRÉS TAPIA

Le dijeron que sería casi al final de la primavera, cuando faltasen unas tres o cuatro semanas para las elecciones, con la intención de que la inercia de los acontecimientos provocase que fuese imposible detenerlas y posponerlas. Fresca la sangre en las portadas de los periódicos, provocaría un maremágnum en el inconsciente colectivo del país, y si bien se convertiría en un Cristo, por ello mismo su reino ya no podría ser de este mundo.

Le dijeron que sería en el Norte, que ahí no lo querían, o al menos no tanto, que ahí el ecosistema social le resultaba particularmente adverso y, al mismo tiempo, la ominosa presencia de los cárteles del narcotráfico y sus pugnas por el control del mercado, les granjearían la coartada perfecta, máxime que era de sobra conocido que el candidato se rehusaba a aceptar los cuerpos de seguridad de la República.

Por ANDRÉS TAPIA

Iban y sus pasos no prometían andar de vuelta el reciente pero rudimentario cemento patinado de lluvia. Y eran todos los de ahí más siete que aguardaban febriles. Es decir, 120 en total. Al silencio lo adelantó Juan Corcobado, el sombrero chorreante y la mirada resuelta: “Que no sabemos qué y tenemos que saberlo ahora”.

Detrás suyo, largos los rostros, seis hombres se revolvieron en las sillas que ocupaban cuando una mano contuvo a un tiempo viento y enojo.

—¿Por qué nos has hecho venir, Corcobado?

—Tenemos la elección jodida.

Por ANDRÉS TAPIA

En el tercio final de la película The Shawshank Redemption (Frank Darabont, 1994), Andy Dufresne (Tim Robbins) pregunta a su amigo Red (Morgan Freeman) si cree que abandonará alguna vez la prisión de Shawshank en la que ambos están recluidos. Dufresne ha permanecido ahí 19 años por un doble asesinato que no cometió; Red, en cambio, es culpable de homicidio en primer grado y ha cumplido 39 años de una sentencia de cadena perpetua. Red, cuyo nombre completo es Ellis Boyd Redding, le responde que sí: “…un día, cuando tenga una larga barba blanca y dos o tres tornillos sueltos, me dejarán salir”.

Con una mueca que forcejea por convertirse en sonrisa, un visaje que se corresponde tras dos meses de estancia en solitario en “el hoyo”, Dufresne replica: “Te diré a donde iría yo… Zihuatanejo (…) está en México. Un lugar pequeño en el Océano Pacífico. ¿Sabes qué dicen los mexicanos del Pacífico?”.

Por ANDRÉS TAPIA

Timeo Danaos et dona ferentes

Acteón desde hace algunos años viene haciéndose difícil con cada nueva edificación que le nace. Hoy en día su futuro no parece tan impresionante como cuando los gerontócratas afirmaron sus plantas en ella y decidieron que habría de superar la altura de la Acrópolis de Atenas; eso fue hace mucho tiempo. Entonces, según me contaron los inmigrantes griegos que padecieron la pena del ostrakon, las orillas de la ciudad eran tan inexactas como sus sueños y se extendían discretas mas presurosas, buscando colindar con el cronos mismo. Hasta donde puedo saber lo consiguieron. Se plantaron en la cima del Monte Ararat, a un costado del rastro de restos que dejó el arca perdida, y con ayuda de la soledad que les obnubilaba la razón y hasta los más íntimos pecados, levantaron la ciudad que empezó a vivir y a expandirse sin que diese Dios su bendición para ello.

Por ANDRÉS TAPIA

El 2017 es un número primo. El 306º en la lista de los números que sólo son divisibles entre sí mismos y la unidad. Si a 2017 se le despeja de la siguiente manera: 2017+(2-0-1-7), el resultado es 2011, el anterior número primo en la escala de los números de esa clasificación. Pero si se retira el paréntesis y en contraposición se añaden sólo signos de adición (2017+2+0+1+7), el resultado es 2027: el 307º número primo, es decir, el siguiente en la lista de los números naturales mayores a 1 que sólo tienen dos divisores.

Si a 2017 se le resta el anterior número primo (2011), el resultado es 6. Si se suman los cuatro dígitos de 2017 (2+0+1+7) la suma ofrece 10. La suma de 6+10 es 16, es decir, el cuadrado perfecto de 4 entre los números primos 305 y 307, y la diferencia entre uno y otro. ¿No basta? Sumemos entonces 3+0+5+3+0+6+3+0+7. ¿Resultado?: 27. El 27 no es un número primo, como tampoco lo es 25, que representa la suma por dígito individual de 2+0+1+1+2+0+1+7+2+0+2+7. Sin embargo, si del mismo modo se adiciona 2+7+2+5, de nuevo tenemos 16.

Por ANDRÉS TAPIA

La imagen posee un dejo de poesía en tiempos en los que la poesía es un commodity arcaico que muy poca gente adquiere. Por ello mismo, se eleva tan lenta y torpemente como un albatros, esa ave marina que necesita de una corriente de aire considerable para alzar su primer vuelo, pero que, una vez que despega sus patas de la arena, excepto en temporadas de apareo, es casi imposible volver a contemplarla en tierra firme.

Tres camionetas modelo Suburban de la automotriz General Motors que forman parte del convoy que protege al actual inquilino de la Casa Blanca, adelantan a una mujer en bicicleta que, al caer en la cuenta que protegen a Donald Trump, levanta su brazo izquierdo y, con la mano correspondiente, exhibe en alto su dedo medio: esa señal rotundamente sexual y machista que, a un mismo tiempo, supone un insulto y una afrenta: “¡Que te jodan, Donald!”.

Por ANDRÉS TAPIA

Zoe Marie Barnes nació el 10 de junio de 1986 en la ciudad de Chicago, Illinois, y murió el 5 de noviembre de 2013 en la estación del metro Cathedral Heights de Washington D.C.; en el momento de su muerte tenía 27 años.

Tiempo antes había conseguido un trabajo como reportera en el diario Washington Herald, pero sus asignaciones siempre estaban consignadas después de la página 15 y en las partes más recónditas del impreso. Quizá porque su signo zodiacal era Géminis, Barnes era ambiciosa, inteligente, bella y medianamente naïve. Tal vez –y sólo tal vez–, por ello hizo todo lo posible por ascender en el periódico hasta que, debido a la futilidad que mostraba su editor por su trabajo, decidió renunciar y unirse al portal de noticias en línea Slugline.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografías: AP

En su cuenta de Twitter @realDonaldTrump, el actual inquilino de la Casa Blanca (me rehúso a llamarlo presidente) sólo es seguidor de 45 personas o entidades. La mayoría de ellos son familiares, miembros de su gabinete, periodistas de Fox News o las cuentas de algunos de sus hoteles.

De entre todos ellos, destacan el periodista Piers Morgan y el magnate y CEO de la WWE Inc., Vince McMahon; ambos son sus amigos. Con el primero está unido por una extraña e improbable amistad en tanto uno esperaría de Morgan algo más de su flema británica y su muchas veces visceral espíritu crítico; con el segundo, Trump sostiene una relación entrañable, de camaradería íntima e infantil, sólo posible entre aquellos que han sido amigos durante muchos años.

Por ANDRÉS TAPIA

Hace algo menos de 23 años, el 21 de octubre de 1994, a través del canal de televisión Fox, se proyectó el sexto capítulo de la segunda temporada de la serie de ciencia ficción The X-Files. Se tituló “Ascension” y el slogan del mismo se componía apenas de dos palabras: Deny Everything (Niégalo todo).

En tanto la principal línea narrativa de la serie aludía a una conspiración orquestada por el gobierno de los Estados Unidos, el slogan Deny Everything no sólo parecía haber surgido de la imaginación de un extraordinario guionista de Hollywood, sino también de algún manual de contrainsurgencia de la CIA.

Por ANDRÉS TAPIA

Cuando tenía siete años, Roger Stone participó en un ejercicio electoral en el colegio. Era el otoño de 1959 y John F. Kennedy y Richard Nixon contendían por la presidencia de los Estados Unidos. Los padres de Stone eran republicanos, pero sentían simpatía por Kennedy en tanto era católico como ellos. El imberbe Roger, político precoz, decidió que Kennedy debería ganar a costa de todo. Para ello informó a sus condiscípulos, uno a uno, que una de las políticas de Nixon era instaurar clases los sábados.

Eventualmente John F. Kennedy ganaría en el ejercicio del colegio de Stone. Y en la elección real se convertiría en el 35º presidente de los Estados Unidos.

Por ANDRÉS TAPIA

Un verso de una canción de Joaquín Sabina reza lapidario: “Más vale que no tengamos que elegir entre el olvido y la memoria”. El cantautor andaluz planteó tal disyuntiva en 1994, año en que la telefonía móvil era sólo el privilegio de unos cuantos y la Internet un mito urbano con los modos de una profecía.

La advertencia de Sabina, formulada al amparo del romanticismo, nada tenía que ver con el mundo en el que hoy vivimos. Y, sin embargo, hoy describe el modus operandi de los seres humanos, quienes puestos a elegir decidimos que era preferible el olvido en tanto podíamos hacernos de una memoria alterna que no ocupase espacio en nuestros cerebros.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: EUROPEAN SOUTHERN OBSERVATORY

Habituados a mirar las cosas de la Tierra, la mayoría de los seres humanos hemos visto aniquilada nuestra capacidad de asombro y la curiosidad que en tiempos antiguos permitió y posibilitó la navegación, así como el descubrimiento de la esfericidad de la Tierra, su íntima relación con la Luna, y sus movimientos en torno a sí misma y al Sol que, dicho sea de paso, suponen unidades de tiempo.

Basta con un simple vistazo en una noche clara para contemplar la presencia de Venus en el cielo, la más brillante de las estrellas que se observan en el firmamento, si bien por tratarse de un planeta no emite destello alguno: su luz, el reflejo del sol sobre su superficie, es plana y constante. Lo mismo ocurre con Júpiter, el planeta más grande del sistema solar, y en menor medida con Mercurio, Marte y Saturno.

Por ANDRÉS TAPIA

–Sí, la historia se repite, engañas a la gente con tu propaganda.

–Oh, Sawatzki, no lo entiendes. En 1933 la gente no fue engañada con propaganda: eligieron a un líder que describía abiertamente sus planes con toda claridad. El pueblo alemán me eligió.

El diálogo pertenece a la película Er ist wieder da (Ha vuelto, David Wnendt, 2015) y tiene lugar entre los dos personajes principales del filme: Fabian Sawatzki, un creativo de televisión frustrado con aspiraciones de director de cine, y Adolf Hitler.

Por ANDRÉS TAPIA

El 5 de noviembre del año 2006, la BBC transmitió en el Reino Unido el que fue el capítulo número 6 de Planet Earth, una serie documental narrada por Sir David Attenborough y cuya realización tomó cinco años. Se tituló “Ice Worlds” y su temática versaba en torno a la vida animal en el Ártico y la Antártida.

Una de sus secuencias –acaso una de las más extraordinarias que se hayan filmado jamás debido a las implicaciones técnicas que supuso su grabación y al dramatismo intrínseco de la misma– exhibe a un oso polar macho que, obligado por el deshielo, abandona la placa continental y nada una distancia aproximada a 100 kilómetros con tal de encontrar comida.

Por ANDRÉS TAPIA

Hubo un tiempo en que existieron los buenos viejos tiempos. Un tiempo en el que los tiempos eran premeditados y bienvenidos, apacibles y solaces. Ingenuos, seguramente, pero buenos y simples. Y, si se piensa, quizá por ello felices. Tengo un recuerdo de esos buenos viejos tiempos.

¡Qué divertido, me encanta, me encanta! ¿La estamos pasando bien? ¡U-S-A, U-S-A!

Una mañana de invierno de 1975, mientras cursaba el segundo grado de educación primaria, la profesora Concepción –una mujer hermosa, rubicunda e inocentemente voluptuosa–, anunció a la clase que dentro de algunos meses organizaría un viaje a Disneyland.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: AP

Un ex gobernador del estado mexicano de Monterrey, hoy caído en desgracia (su nombre es Rodrigo Medina), durante una comida que sostuve con él alguna vez, jactándose de su cercanía con Enrique Peña Nieto, dejó entrever que éste, tras ser elegido presidente de México, le habría dicho que más allá de las bondades de la amistad, en adelante la relación entre ambos tendría que ser formal y apegada a los protocolos de la política, el respeto y (esto no lo dijo) la disciplina tiránica y sempiterna del Partido Revolucionario Institucional. Es decir: “señor presidente” y “señor gobernador”.

Por ANDRÉS TAPIA // Foto: LEONARDO MUÑOZ (EPA)

Conocí a Enrique Patiño los últimos días de febrero de 2001 en la ciudad de Hamburgo, Alemania. Tanto él como yo y otros ocho periodistas latinoamericanos (Maricel, Malena, María Elena, José Luis, Marcelo, Ana, Ligia y Eduardo), habíamos sido seleccionados por el Internationale Journalisten-Programme para pasar una temporada en Berlín colaborando en un medio de comunicación afincado en esa ciudad.

La IJP nos proporcionó una suma que amparaba los billetes de avión, así como el costo de una estancia promedio para renta y alimentos. Tuve la suerte de entrar en contacto, a través de Martin Spiewak, el director del programa, con Araceli Vicente Álvarez, una profesora que daba clases de español en Berlín. Intercambiamos algunos correos electrónicos y ella accedió a hospedarme en su casa: un apartamento ubicado en el número 46 de la Görlitzer Strasse, en el barrio de Kreuzberg.

Por ANDRÉS TAPIA

Llueve afuera. Es 28 de septiembre y pasan de las 15:00 horas, la hora tardía y acostumbrada del almuerzo en la Ciudad de México. La mesa contigua a la que yo me encuentro es un escenario inusual y feliz. Un hombre de entre 30 y 40 años, que porta un traje gris y una corbata roja de buena calidad, come con sus cuatro hijos: dos hembras y dos varones. Todos los chicos son rubios.

El más pequeño de ellos no debe de tener más de tres años. Su padre está a la izquierda y enfría a soplidos la sopa que, cucharada a cucharada, deposita en la boca del niño. Bajo la mesa hay tres mochilas infantiles, coloridas, y cada una de ellas porta el nombre de su propietario. Los chicos mayores, el varón y las dos hembras, no hacen aspavientos mientras una camarera deposita delante suyo tres cajas de cartón con la silueta de los ojos de un búho impresa en sus costados y un menú infantil compuesto de hamburguesas y papas fritas. Delante del hombre, un plato de paella se enfría.

Por ANDRÉS TAPIA

En el episodio nueve de la temporada número uno de la serie de televisión Better Call Saul, Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks), un ex policía que trabaja como dependiente en un estacionamiento, y Daniel “Pryce” Wormald (Mark Proksch), vendedor especializado de una compañía farmacéutica que roba lotes de pastillas y los vende a un narcotraficante, sostienen el siguiente diálogo.

Mike: La lección es: Si vas a ser un criminal, haz la tarea.

Pryce: Espera, no soy un tipo malo.

Mike: No dije que fueras malo. Dije que eres un criminal.

Pryce: ¿Cuál es la diferencia?