Por ANDRÉS TAPIA

Al final del capítulo “La sonrisa de Karenin”, de La insoportable levedad del ser, Milan Kundera escribió: “El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir”.

Siendo niño, en una pendiente situada a un costado de Los Pinos, la residencia de los presidentes de México y la cual se localiza en el Bosque de Chapultepec de la capital del país, descubrí un pasatiempo vinculado de manera muy estrecha con el concepto de la felicidad acuñado por Kundera. Sin fuerza suficiente ni músculos para poder escalar la pendiente, solía empujar una bicicleta a pie hasta el sitio en que una puerta metálica resguardada por dos soldados impedía continuar con el ascenso; luego, me montaba en ella para dejarme caer a una velocidad insospechada.