Por ANDRÉS TAPIA

Para Aníbal, él sabe porqué

Más de una vez me he planteado, en el más absoluto de los silencios, qué es lo que restaría de la humanidad –y cómo sería recordada– si, por ejemplo, el día de mañana un meteorito como el que extinguió a los dinosaurios cayera sobre la Tierra y acabase con toda la vida en el planeta.

Como no habría ningún ser vivo para atestiguarlo –y ofrezco disculpas por las visiones apocalíticas de mi imaginación–, me da por pensar que en algún momento una raza de alienígenas llegaría a la Tierra, no para conquistarla, sino tan sólo para averiguar quienes vivían en ella, cómo vivían, qué pensaban, qué querían.

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