Esta es una historia que no aparecerá en los periódicos, en la televisión o en la radio, medios en los que el presidente de un país absurdo y decadente es un héroe a pesar de mentir todos los días
Por ANDRÉS TAPIA
Esta es una historia que no aparecerá en los periódicos, en la televisión o en la radio, medios en los que el presidente de un país absurdo y decadente es un héroe a pesar de mentir todos los días
Por ANDRÉS TAPIA
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Por ANDRÉS TAPIA
Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: AFP
Afganistán es un país extraño y reciente, por más antiguas que sean las planicies y las montañas que comprenden su geografía. Fundado en 1747 por Ahmad Shah Durrani –quien unificó a las tribus Pashtun–, los lugares comunes de la memoria colectiva apenas lo aluden a partir de la invasión de la otrora URSS (1979), y de la guerra emprendida en contra del régimen Talibán que lideraron los Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La esperanza de vida de un habitante de Afganistán es de casi 51 años, una tasa bajísima que ubica a esa nación del sur-centro de Asia, en el sitio 222 del Mundo, es decir, sólo por arriba de Guinea-Bissau y Chad.