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Por ANDRÉS TAPIA

El acto de mentir ostenta dos facetas: la benévola y la malévola. La primera es utilizada para salvarse a uno mismo (en La Biblia, con tal de no ser apresado, Pedro el Apóstol miente y niega a Jesús tres veces). La malévola, en cambio, tiene por objetivo engañar a los demás y obtener una ventaja (sin existir contacto alguno, Cristiano Ronaldo se arroja al césped dentro del área y finge haber sido tropezado por un contrario con tal de que el árbitro señale un tiro penal a favor de su equipo).

En el primer caso, la mentira se halla patinada de cobardía. En el segundo, de perversidad.

Por ANDRÉS TAPIA

Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Marzo 17, 2014.

19:00 horas.

Una agente federal de aproximadamente 1.65 metros de estatura, me detiene tras haber superado el semáforo del control de aduanas. En México se práctica una inspección aleatoria para detectar el ingreso de mercancías susceptibles de pago de impuestos al país. Dicha inspección es muy simple: un panel electrónico exhibe un botón de color rojo que los recién llegados, nacionales o extranjeros, deben oprimir luego de haber sometido a un scanner todo el equipaje que portan consigo. Si luego de oprimir el botón la pantalla se ilumina de color verde, el viajero obtiene un salvoconducto para evitar la inspección; si en cambio es rojo, deberá someter todo su equipaje al escrutinio de los “feds”.