Por ANDRÉS TAPIA

El año de 1897, desde el 1 de enero hasta el 15 de diciembre, en Le Magazin d’éducation et de récréation, una revista publicada quincenalmente en Francia, se publicó una novela por entregas (que apareció completa en tanto libro el 24 de junio de ese mismo año), titulada Le sphinx des glaces (La esfinge de los hielos). El autor de la misma era un tal Jules Verne.

Verne, que había nacido en la ciudad de Nantes el año de 1828, además de visionario se convertiría, gracias a los oficios traductores de Charles Baudelaire, en un seguidor, discípulo y amante irredento de un ignoto escritor estadounidense —tanto o más maldito que el propio Baudelaire— que, sin embargo, había fascinado con su prosa poética al enfant terrible de la literatura francesa del siglo XIX. Aquel escritor se llamaba Edgar Allan Poe y había muerto casi cinco décadas antes, con precisión el 7 de octubre de 1849.

Por ANDRÉS TAPIA

Descubrí primero el vestido. Y sólo mucho más tarde a Marie Antoinette.

He sido uno de esos hombres que cruzan una plaza, una noche lluviosa, tras haber abandonado violentamente un hotel. De los que encienden un cigarrillo y se levantan las solapas. Que pueden llorar sin que nadie lo note. Y si por ahí, en ese parque, descubren una banca, la escupen con sevicia y continúan su camino.

Hasta hoy.