Por ANDRÉS TAPIA

Es un tiempo tan antiguo que ya no se recuerda. Pero si los historiadores modernos supieran sumar y restar, caerían en la cuenta que no ocurrió hace mucho tiempo. Son 20 años, apenas dos décadas, pero por la manera en que se han sucedido los eventos parecen haber transcurrido dos siglos, es decir, 200 años.

Entonces, si querías comunicar algo –y ese algo al ser expuesto a la opinión pública tenía el potencial de incidir en la vida de una comunidad, una sociedad, un país o el Mundo–, llamabas a los medios de comunicación, o te imponías sobre ellos, y haciendo uso de las facultades omnímodas y plenipotenciarias de un Estado, emitías un mensaje en televisión interrumpiendo la programación habitual de todas las cadenas.

Por ANDRÉS TAPIA

A Andrea Ornelas, por todos estos años

El último tweet que Anthony Bourdain escribió —no literalmente el último que aparece en su cuenta pues éste fue un retweet—, estaba relacionado con una versión que el compositor Michael Ruffino hizo de la melodía “Rising Sun Blues” para el programa Parts Unknown de CNN. A la letra dice: “Esta canción del score del programa de esta noche en Hong Kong de Parts Unknown de CNN va a quedarse conmigo”. No lo hizo por mucho tiempo.

Era el 3 de junio de 2018. Bourdain y el equipo de filmación que lo acompañaba viajarían posteriormente a Francia. El viernes 8 de junio, el cadáver del más rebelde de los chefs que ha conocido la gastronomía mundial, aparecería colgado en una habitación del hotel Le Chambard, en la nueva comuna de Kaysersberg-Vignoble, en la región de Alsacia.

Por ANDRÉS TAPIA

Es ocho de diciembre otra vez. No es lunes sino martes. No es invierno todavía, pero ya hace frío. Ahora mismo, en esta parte del Mundo, el reloj marca las 23:13 horas. Si lo recuerdo bien, hace una hora y veintitrés minutos, 35 años atrás, te asesinaron.

Tú eras un adulto cuya crisis emocional parecía haber terminado un lustro antes. Yo un niño de 12 años, casi 13, que estaba mirando el juego nocturno en el que los Patriotas de Nueva Inglaterra y los Delfines de Miami habrían de ir a tiempo extra para desempatar un partido en el que ambos equipos igualaban a 13 puntos. Me iba la vida en nada: ir al colegio, patear un balón, pensar que la vida era simple. La tuya, en cambio, tan maravillosa y perfecta, estaba a punto de terminar.