Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: GADVENTURES.COM

El viajero común que por alguna extraña razón decide visitar Islandia, apenas trasponer las puertas del Aeropuerto Internacional de Keflavík, deberá abordar un autobús conocido como Flybus, el medio de transporte más común para dirigirse a Reykjavík, la capital del país, que está situada a 50 kilómetros en dirección noreste.

El viaje hacia la ciudad, que no toma más de 45 minutos, discurre por la costa norte de la Península de Reykjanes y la mayor parte del tiempo, en la cercanía o en la distancia, puede observarse el romper de las olas del Océano Atlántico Norte. La inmensidad del mar que se avizora y adivina, empero, no es lo que atrae la mirada de los viajeros, sino los restos de las rocas volcánicas de color negro que, a modo de arrecifes que sobresalen por encima del agua, advierten que esa isla que está situada al este de Groenlandia y en consecuencia muy cerca del Polo Norte, es un país que no se parece a ningún otro sobre la Tierra.