Por ANDRÉS TAPIA // FotoArte: OTÁVIO VIDAL

Uno de los teoremas de la geometría euclidiana asegura que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. En oposición, un teorema de la geometría proyectiva –sustanciada por la Teoría de la Relatividad de Einstein que sugiere que el espacio-tiempo se deforma en presencia de una masa haciéndole adquirir las propiedades de una geometría no euclidiana– asegura que “dos rectas paralelas comparten una dirección, por lo que a esa dirección también se la conoce como Punto Impropio de esas rectas en las que se encuentra”.

Dicho de otro modo: la curvatura del Universo implica que, en algún momento, dos rectas paralelas habrán de tocarse en ese punto impropio, también conocido como Punto del Infinito.

Por ANDRÉS TAPIA

El 15 de agosto de 1942, sólo unos días antes de que iniciara la Batalla de Stalingrado, mientras en Vichy, Francia, 5,000 judíos eran arrestados y tropas alemanas capturaban el histórico pueblo ruso de Georgiyevsk en las faldas del Caucaso, Marcelin y Francine Dumoulin, una pareja de granjeros suizos, salieron del pueblo de Chandolin, situado en el cantón suizo de Valais, con la intención de llevar a su ganado a pastar en las montañas de la región.

Zapatero y profesora por oficios, padres de siete hijos, Marcelin y Francine tomaron rumbo esa mañana hacia el glaciar de Tsanfleuron. A la distancia, el hermano de uno de ellos les atisbó con unos binoculares. Sería la última persona en verles con vida.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: QUINN ROONEY (GETTY IMAGES)

A Ethel, que más que yo ha esperado tanto tiempo por este día

El invierno en el hemisferio sur tiene lugar en el verano del hemisferio norte; es el mes de julio del año 2017. Con temperaturas que descienden más allá de los -50º Celsius, un trozo de hielo de cuatro veces el tamaño de la Ciudad de México se desgaja de la Antártida.

Al dejar de formar parte de la placa continental, muta su nombre al de iceberg, no de isla, pues en rigor no se trata de una zona de masa estable, sino de una porción de hielo susceptible de derretirse y de flotar a la deriva durante un tiempo indeterminado.

Los científicos levantan la mirada al cielo –como si interpelaran a Dios– y se preguntan si este fenómeno tiene que ver con el calentamiento global y los seres humanos somos responsables de ello.

Por ANDRÉS TAPIA

Postrado sobre una piedra, las manos en descanso sobre ésta, la figura de un hombre mantiene su rostro (un rostro plano, inexpresivo, informe y vago) extraviado en algún punto que trasciende los árboles y los edificios que lo rodean. Lo que mira, sin embargo, está más allá de las nubes que cercan estos días el cielo de lo que alguna vez fue llamado la gran Tenochtitlan. Se halla en el infinito, en el universo, en el multiverso o en todo –nunca mejor dicho– eso junto.

No es un hombre en un sentido estricto, sino tan sólo la representación de uno. Una estructura colosal que desde hace 17 años permanece en un sitio conocido como Plaza Necaxa, justo en la intersección de las calles Río Sena y Río Pánuco, en el barrio de la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografías: AP

En su cuenta de Twitter @realDonaldTrump, el actual inquilino de la Casa Blanca (me rehúso a llamarlo presidente) sólo es seguidor de 45 personas o entidades. La mayoría de ellos son familiares, miembros de su gabinete, periodistas de Fox News o las cuentas de algunos de sus hoteles.

De entre todos ellos, destacan el periodista Piers Morgan y el magnate y CEO de la WWE Inc., Vince McMahon; ambos son sus amigos. Con el primero está unido por una extraña e improbable amistad en tanto uno esperaría de Morgan algo más de su flema británica y su muchas veces visceral espíritu crítico; con el segundo, Trump sostiene una relación entrañable, de camaradería íntima e infantil, sólo posible entre aquellos que han sido amigos durante muchos años.