Por ANDRÉS TAPIA

El más pleno de los ejercicios democráticos convirtió a Enrique Peña Nieto en el presidente de México el año 2012. Poco más de 19 millones de personas votaron por él, mientras que su contrincante más cercano, Andrés Manuel López Obrador, recibió casi 16 millones de votos.

Más allá de las trapacerías que seguramente llevó a cabo el Partido Revolucionario Institucional para arropar la elección de Peña Nieto y así granjearse votos de manera ilegal –prácticas éstas endémicas que mantuvieron al partido tricolor durante cerca de 70 años en el poder antes de ser derrotados por el derechista Partido Acción Nacional el año 2000– quizá sería prudente reconocer que, incluso sin tales ardides, el ex gobernador del Estado de México habría triunfado en la elección.

Por ANDRÉS TAPIA

No debería contar esta historia… pero de cualquier modo lo haré.

La Nochebuena del año 2014, Enrique Peña Nieto ordenó a todos los empleados de la Residencia Oficial de Los Pinos, en la Ciudad de México, que se marcharan a casa. Se quedaría con sus hijos (Paulina, Alejandro y Nicole) y con las hijas de su esposa Angélica Rivera (Sofía, Fernanda y Regina), a celebrar la cena de Navidad. Dos, tres, cuatro, acaso seis guardias presidenciales pero no más, y un número reducido de soldados del Ejército Mexicano que custodiaban el perímetro, se encargarían de la seguridad del presidente de México y su familia.

Por ANDRÉS TAPIA

En el episodio titulado “Conduit”, que pertenece a la primera temporada de la serie de televisión The X-Files, los protagonistas de la serie, Dana Scully (Gillian Anderson) y Fox Mulder (David Duchovny), sostienen en una escena el siguiente diálogo:

Scully: No parece existir algo sustancial como para garantizar una investigación.

Mulder: ¡De acuerdo, Scully, no estamos de acuerdo! No es la primera vez y no será la última.

Scully: Si por lo menos tuviésemos una fuente legítima podríamos…

Mulder: Ésta es la esencia de la ciencia: haces una pregunta impertinente con tal de obtener una respuesta pertinente.