Por ANDRÉS TAPIA

Daría cualquier cosa porque las palabras que dan título a esta columna fuesen mías. No lo son. Pertenecen a Joaquín Sabina y se complementan con el siguiente verso: “…y a los niños les da por perseguir el mar dentro de un vaso de ginebra…”

Sabina las escribió en 1980, el año en que John Lennon fue asesinado, tiempo en el cual el movimiento contracultural denominado “la Movida Madrileña” surgió para apuntalar la transición de la España postfranquista, y de paso inoculó del germen del idealismo a la propia España y, un poco más tarde, a Hispanoamérica.

De otro modo –acaso el modo del narrador, de ese al que no le es dado entrometerse sino apenas observar–, Sabina también formó parte de dicho movimiento. Muerto el dictador, el padre autoritario e intransigente que hizo de España un accidente en la geografía de Europa, había que organizar una fiesta. Y así ocurrió.

Por ANDRÉS TAPIA

Era el año 2002, quizá el 2003. No recuerdo cómo llegué a esa librería de viejo. Una tarde, simplemente, me paré ahí, en la entrada, con una pesada mochila al hombro. Un hombre de mediana estatura, bigote (¿o barba de candado?), quizá de mi edad, atendía a un par de clientes.

Por ANDRÉS TAPIA

En el sótano de una casona de la calle Juan de Garay, en Buenos Aires, posiblemente en el barrio de Belgrano, Jorge Luis Borges, a través de Carlos Argentino Daneri, su álter ego y a la vez un anagrama imperfecto de Dante Alighieri, descubrió El Aleph.