Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: DIMITRI HOUTTEMAN – Unsplash

Si la historia no es mentira, los rusos vencieron a Hitler y a los nazis en Stalingrado, llegaron antes que los estadounidenses a Berlín, se quedaron con la mitad de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, pusieron en órbita el primer satélite y también enviaron al espacio al primer hombre y a la primera mujer.

Perdieron la carrera por llegar a la Luna, ciertamente, aunque ese nunca fue el propósito original de la Guerra Fría: de lo que se trataba era de colocar un artefacto en el espacio que estuviese equipado con una bomba atómica y que, llegado el momento, pudiese ser activada desde la Tierra y disparada con la finalidad de aniquilar a los Estados Unidos o a la –en ese entonces– Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Por ANDRÉS TAPIA / Fotografía: CLÉMENT FALIZE – Unsplash

Aún el más relajado de los seres, para quien la vida y la muerte son igualmente un juego, sabe que hay cosas con las cuales no se puede jugar. Esta línea pertenece al cuento “La máscara de la Muerte Roja”, escrito por Edgar Allan Poe, y el cual fue publicado el año de 1842 en el Graham’s Lady’s and Gentleman’s Magazine, una revista literaria de la que Poe fue editor y que circulaba en la ciudad de Filadelfia, en el estado de Pensilvania.

La literatura está eclipsada en una época en la que el acto de leer se ha desplazado a Twitter, si bien esto no quiere decir que haya perdido su linaje y dejado seducir por las hordas de barbajanes que frecuentan esa taberna nauseabunda y maloliente, con la idea peregrina y fantasiosa –ingenuos atorrantes– de robarle cuando menos un beso.

Por ANDRÉS TAPIA

Hace unos días, en la calle Río Duero que forma parte de la Colonia Cuauhtémoc, un barrio de clase media alta situado a unos cinco kilómetros del centro de la Ciudad de México, tuvo lugar un intento de asesinato. Un hombre que conducía un automóvil Passat color negro recibió una descarga de ocho disparos por acaso dos hombres que circulaban en una motocicleta.

El hombre huía de su perseguidor o perseguidores, o no sabía que lo estaban siguiendo. En tanto la Colonia Cuauhtémoc es un barrio apacible durante las noches, me inclino más por la segunda teoría.

Para ingresar a Río Duero el conductor del Passat tuvo que haber girado a la izquierda procedente de la calle de Río Lerma. Si hubiese sido objeto de una persecución declarada, se habría escuchado el chirriar de las llantas del auto. No fue así. En los días de la pandemia el silencio se ha vuelto sempiterno y omnipresente, y la noche del 29 abril, a eso de las 23:00 horas, se quebró por el ruido de ocho disparos de una pistola semiautomática calibre .38.

Por VÍCTOR OLIVARES

Cuando Jorge Luis Borges escribió El Aleph, quizá nunca imaginó que aquel espacio místico en el que se condensaban todos los tiempos del universo, y al cual accedía descendiendo al escalón diecinueve del sótano de la casa de la difunta Beatriz Viterbo, lo habría podido encontrar muchos años después, con sólo alzar la mirada, al caminar por algunas calles solitarias en dirección al supermercado, la farmacia o mientras paseaba al perro, en los balcones de las ciudades.

El confinamiento que vivimos nos ha hecho conscientes de un Aleph que habíamos obviado y al que, a diferencia del cuento de Borges, ya no es necesario descender para acceder a él, sino que está al alcance de nuestra mirada en plena vía pública: los balcones de cientos de edificios que se repiten en todas las ciudades del mundo y en los que se proyecta la imagen de un tiempo que será una época: la del coronavirus.

Por ANDRÉS TAPIA

Quien alguna vez jugó Age of Empires, el videojuego creado por Microsoft, la compañía fundada por Bill Gates, seguro tiene claro que un Scout (la traducción literal al castellano es explorador), es un jinete, o soldado de a pie, que es enviado a un sitio determinado con la misión de observar, explorar o, simplemente, prestar atención al entorno que se va revelando mientras se avanza.

Quien no lo hizo, relacionará la palabra Scout con la agrupación infantil creada por el General británico Robert Stephenson Smith Baden-Powell of Gilwell, un hombre que con muy buenas intenciones concibió la idea de un movimiento destinado a combatir la delincuencia en Inglaterra en los primeros años del Siglo XX, a partir de un proceso educativo sustentado en valores comunes que fomentaban el desarrollo físico, espiritual y mental de niños y adolescentes.

Por ANDRÉS TAPIA

El Bosque de Chapultepec, un santuario maravilloso y extraño que por alguna razón que se antoja inexplicable enseñorea la Ciudad de México, es el parque urbano más antiguo de América en tanto su existencia se remonta al año 2500 antes de la era cristiana. El hallazgo de restos óseos y objetos elaborados a partir de cerámica, son evidencia incontrovertible de que algunas tribus se asentaron en ese sitio entre el año referido y los dos primeros siglos que transcurrieron después del nacimiento de Jesucristo.

En lengua náhuatl la palabra Chapultepec, compuesta por las voces “Chapulli” (saltamontes, grillo) y “tepe” (tl) (cerro o colina), significa, alternativamente, “cerro de saltamontes” o “lugar de grillos”. Una paradoja tanto o más extraña que la existencia misma del bosque en una de las urbes más pobladas del mundo, pues en la actualidad, y desde hace muchas décadas, la presencia de tales insectos es anecdótica cuando no prácticamente nula.

Por ANDRÉS TAPIA

En honor a Joaquín…

 

Qué dios perverso y pervertido miente

Quién reza llorando antes de soñar

Quién podrá dormir cuando lo intente

Quién de los presentes me va a extrañar.

 

Qué imbécil fue a cazar al murciélago

Quién hoy no extraña a Messi en el Nou Camp

Quién aislado no es un archipiélago

Quién ha visto a la humanidad temblar.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotograma: TAMARA SAYAR

En la película The Shawshank Redemption (Frank Darabont, 1994), protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman, hay una escena en la que Andy Dufresne (Robbins) se incorpora a una mesa para desayunar con el grupo de presidiarios al que frecuenta, luego de haber permanecido dos semanas en confinamiento solitario por haber hecho sonar en los altavoces de la prisión un fragmento de Las Bodas de Fígaro.

Entre bromas, sus compañeros le preguntan si el aislamiento fue difícil de llevar. Dufresne responde que no. “Tenía al señor Mozart aquí y aquí”, responde, llevándose la mano al corazón y a la cabeza, ademán que desconcierta a los hombres que lo rodean. Enfrentado a su incomprensión, Dufresne sostiene un diálogo con Ellis Boyd Redding, “Red”, personaje que es caracterizado por Freeman.