Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: AMI VITALE

El Mundo ya no es un lugar seguro. Pudo ser ayer, esta mañana o cualquier otro día del futuro, pero un día es posible que despiertes y caigas en la cuenta de que todo aquello que exhibías con orgullo o, bien, fingida indiferencia, fue utilizado por alguien para penetrar tu psyche y hacerte no vulnerable —en realidad lo fuiste desde el momento en que confiaste en alguien que no conocías— sino manipulable.

Es así porque en algún momento de los últimos 14 años, sin apenas notarlo, cedimos a la tentación de formar parte de un microuniverso que está contenido en un planeta llamado Tierra  en el que habita una especie conocida como humana, si bien taxonómica y paradójicamente designada como Homo sapiens.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: ANTONIO TUROK

El año nuevo de 1994 lo pasé en casa de mi amigo Iván Rivera. Él se marchó de la fiesta al alba pues tenía la guardia matutina en la radiodifusora en la que trabajaba; yo me quedé departiendo con su familia. Cuando regresó, alrededor del mediodía, vagamente me contó que algo había ocurrido en el estado mexicano de Chiapas. “Un grupo de personas organizó una trifulca en San Cristóbal de las Casas, al parecer no fue la gran cosa”.