Por ANDRÉS TAPIA / Imagen: DISNEY-PIXAR

Una amiga me envía un mensaje para felicitarme por mi cumpleaños, piensa que aún estoy de viaje y escribe: “Ojalá que estés lejos festejando. Ojalá que no tuvieras que regresar al país del horror. Te dejo un abrazo”. El país del horror es México, mi país, en el que nací, en el que nació ella, y en el que nació la mayor parte de las personas que importan en mi vida.

No es ésta la primera vez que escribo del país del horror, y probablemente tampoco sea la última aunque, en los últimos tiempos, me haya resistido a detallar los pormenores de una degradación social y cultural que ha alcanzado niveles para los que el adjetivo más contundente y certero resulta apenas un eufemismo.

Por ANDRÉS TAPIA

“¿Por qué hay mexicanos tan malos? Entiendo que hay algunos de nosotros que no somos buenos, pero la mayoría, pues sólo queremos cruzar para ir a trabajar a Estados Unidos y traernos unos dólares pa’ nuestras casas.

“Y luego, pues sí, entre los malos también había extranjeros, había guatemaltecos. También había mexicanos secuestrados, como once, sí, un día había once, luego llegaron más.

“Sólo quería un trabajo para pagar mis deudas. Pero ya no quiero nada”.