Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: JIM GLAB

Hay dos leyendas acerca de Andy.

Una es la imagen de un vaquero triste y furioso que, luego de hacer el amor con una mujer improbable, se marcha a galope en un caballo negro cuyos cascos levantan el polvo agreste y la tierra miserable de Santa Fe, Nuevo México. Escucho una voz decir: “Adiós Milva, soy Andy… nunca te olvidaré”.

Pero eso está en mi mente, esa es mi idea de la vida. Lo tuyo, Andrés después de Andrés, es otra cosa.

También eres un vaquero triste. Y furioso. En realidad eres el más furioso que he visto, que se ha visto, en el Oeste. Y el más triste.

Por ANDRÉS TAPIA

La entrevista se realizó en el hotel Distrito Capital –el cual se localiza en el barrio de Santa Fe en la zona Oeste de la Ciudad de México–, en algún momento del año 2011. Paris Hilton, la socialité estadounidense, visitaba México a propósito del lanzamiento de una nueva línea de zapatos de la que ella era propietaria e impulsora.

Yo era el editor adjunto de la revista GQ México y, cuando me ofrecieron entrevistarla, pensé que acaso sería posible conseguir una buena pieza periodística si la confrontaba con preguntas y temas a los que ella poco o nada se exponía. Barack Obama estaba a punto de entrar en la recta final de su primer mandato e iniciar la campaña electoral para el segundo, y yo ingenuamente pensé que la heredera del emporio de Conrad Hilton (su abuelo) podría trascender a su estatus de niña mimada, caprichosa y superficial.