Por ANDRÉS TAPIA

Iban y sus pasos no prometían andar de vuelta el reciente pero rudimentario cemento patinado de lluvia. Y eran todos los de ahí más siete que aguardaban febriles. Es decir, 120 en total. Al silencio lo adelantó Juan Corcobado, el sombrero chorreante y la mirada resuelta: “Que no sabemos qué y tenemos que saberlo ahora”.

Detrás suyo, largos los rostros, seis hombres se revolvieron en las sillas que ocupaban cuando una mano contuvo a un tiempo viento y enojo.

—¿Por qué nos has hecho venir, Corcobado?

—Tenemos la elección jodida.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: AMI VITALE

El Mundo ya no es un lugar seguro. Pudo ser ayer, esta mañana o cualquier otro día del futuro, pero un día es posible que despiertes y caigas en la cuenta de que todo aquello que exhibías con orgullo o, bien, fingida indiferencia, fue utilizado por alguien para penetrar tu psyche y hacerte no vulnerable —en realidad lo fuiste desde el momento en que confiaste en alguien que no conocías— sino manipulable.

Es así porque en algún momento de los últimos 14 años, sin apenas notarlo, cedimos a la tentación de formar parte de un microuniverso que está contenido en un planeta llamado Tierra  en el que habita una especie conocida como humana, si bien taxonómica y paradójicamente designada como Homo sapiens.