Por ANDRÉS TAPIA

Hubo un tiempo en que existieron los buenos viejos tiempos. Un tiempo en el que los tiempos eran premeditados y bienvenidos, apacibles y solaces. Ingenuos, seguramente, pero buenos y simples. Y, si se piensa, quizá por ello felices. Tengo un recuerdo de esos buenos viejos tiempos.

¡Qué divertido, me encanta, me encanta! ¿La estamos pasando bien? ¡U-S-A, U-S-A!

Una mañana de invierno de 1975, mientras cursaba el segundo grado de educación primaria, la profesora Concepción –una mujer hermosa, rubicunda e inocentemente voluptuosa–, anunció a la clase que dentro de algunos meses organizaría un viaje a Disneyland.

Anuncios

Por ANDRÉS TAPIA

Los muertos están vivos.

Esa es la leyenda, el súper (en términos cinematográficos) que aparece al inicio de la película Spectre (Sam Mendes, 2015) protagonizada por el actor británico Daniel Craig.

La secuencia inicial, de poco más 12 minutos de duración, fue filmada en el Centro Histórico de la Ciudad de México y exhibe un desfile multicolor –que hasta el momento en que se filmó la cinta era inexistente– basado en las tradiciones mexicanas en torno al Día de los Muertos.

La narrativa visual, su coreografía, el diseño de arte y el vestuario, la incorporación de una persecución y una pelea en un helicóptero que despega y sobrevuela la Plaza de la Constitución, son espectaculares. El plano secuencia –hollywoodense, sin duda, pero no por ello intrascendental– se implanta en la memoria como si fuese la visión cercana de un cometa. En el inconsciente –o consciente– colectivo de México, supone un hierro al rojo vivo que marca la piel de un condenado a muerte.