Los patéticos y los mediocres de México

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: YONHAP / EFE

Son Heung-Min ha anotado tres goles en dos copas del Mundo: la de Brasil 2014, en la que marcó un tanto en la derrota de Corea del Sur frente a Argelia por 4-2, y en la actual, que se celebra en Rusia, y en la que perforó en los minutos finales las porterías de las selecciones de México y Alemania.

Son, que juega profesionalmente en el Tottenham Hotspur de la Premier League, es también integrante de un seleccionado que no figura en los anales de la élite del fútbol global y cuyo mejor resultado fue un tramposo y condescendiente cuarto lugar en el Mundial que se celebró alternativamente en Japón y Corea del Sur el año 2002.

Si se piensa que Cristiano Ronaldo y Lionel Messi han anotado en cuatro participaciones mundialistas siete y seis goles, respectivamente, el versátil delantero, extremo, volante y defensor nacido en la ciudad de Chuncheon, capital de la provincia de Gangwon, debería ser considerado una estrella en ascenso.

A pesar de sus incipientes logros (97 goles en su paso por la Regionalliga Nord, la Bundesliga y la Premier League, más otros 23 tantos como seleccionado de Corea del Sur), Son, el hijo de un ex técnico de fútbol que alguna vez formó parte del conjunto B de la Selección Nacional de Corea, era un ilustre desconocido (a despecho de su notable trabajo en el Tottenham durante las últimas tres temporadas) que hace unos días alcanzó proyección mundial tras la derrota que sufrió Corea del Sur frente a México, y que condenó a la nación asiática a un triunfo y a una combinación de resultados para pasar a la siguiente ronda.

Tras la derrota, Son Heung-Min fue captado en un video en los vestidores, desnudo el torso, mientras el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, arengaba al equipo para enfrentar la siguiente cita mundialista, frente a Alemania, en la consciencia de que tras dos derrotas, sólo una improbable victoria frente al actual campeón del mundo y la derrota de México ante Suecia, podría clasificarlos a la siguiente fase del torneo.

Son lloraba la derrota, pero no sólo eso. Un decreto obliga a los varones en Corea del Sur a cumplir con dos años de servicio militar obligatorio antes de alcanzar los 28 años; Son cumplirá 26 en unos días. Para evadir la exigencia, tenía por opción alcanzar la segunda fase del Mundial de Rusia 2018, lo cual se habría concretado si tras la victoria de Corea del Sur sobre Alemania, la Selección de México hubiese derrotado a la de Suecia.

La apuesta combinada no se completó. De manera insólita, Corea del Sur derrotó a Alemania por dos goles a cero, mientras que México sucumbió por tres tantos frente al combinado sueco. De forma por demás curiosa, la improbable victoria de Corea allanó el camino del Tri de Juan Carlos Osorio a la siguiente fase.

De acuerdo a las leyes coreanas, Son deberá presentarse a cumplir dentro de muy poco con el servicio militar, lo cual implica abandonar su carrera en el Tottenham y, muy probablemente, también el fútbol, pues dado el nivel de competitividad de las ligas actuales, resulta casi ilusorio que algún equipo se arriesgue a contratarlo con 28 años de edad y dos de inactividad en las canchas.

Pese a estar derrotado de antemano, Son y su equipo emprendieron la odisea contra Alemania y la vencieron, tal y cual lo había hecho México unos días antes, pero con un gol más. Su victoria, no obstante, no sirvió de nada.

Ser eliminado de un Mundial de Fútbol tras haber conseguido seis puntos y empatar en cifras con otras dos equipos del mismo grupo es altamente improbable, pero absolutamente posible. De haber ganado Alemania a Corea, se habría consumado un triple empate con Suecia y México, pero los criterios de avance habrían determinado el pase a la siguiente ronda de teutones y nórdicos. El resultado, empero, fue diametralmente opuesto, y las justas y contundentes victorias conseguidas por la selección Azteca frente a Alemania y Corea, lo condujeron, por lógica, a los octavos de final.

Un ex presidente de mi país, que ahora mismo debe estar sangrando de los labios y de otras partes de su cuerpo, acuñó en el año 2006 una frase folclórica, tan folclórica como lo es México: “Haiga sido como haiga sido, yo gané”. Tales palabras aplican hoy, acaso menos sarcásticas, al avance de México de la siguiente ronda del mundial de Rusia. Y sea que sea positivo o negativo el resultado de su siguiente encuentro, no demeritan del todo su desempeño, si bien, en caso de derrota, exhiben como mediocres y patéticos, por decir lo menos, a aquellos incondicionales que celebraron con el más radical de los fanatismos, con la más ingenua de las ilusiones, la victoria de Corea del Sur sobre Alemania.

En las palabras de un vulgar aficionado mexicano (hay millones, por cierto): “Nos metieron tres goles, nos hicieron basura, nos exhibieron como títeres, nos devolvieron al lugar que pertenecemos. Pero, gracias, Corea, por hacernos el paro. ¡Coreanos, hermanos, ya son mexicanos!”.

El agradecimiento nacional no es una licencia literaria que me tomo, ni tampoco una metáfora: el día de ayer alrededor de mil personas sitiaron la Embajada de Corea en México para vitorear en el más kitsch de los actos el triunfo del equipo asiático sobre los dirigidos por Joachim Löw.

Mientras eso ocurría, Son Heung-Min hacía las maletas para volver a casa, triste y apesadumbrado, en la consciencia, empero, de que si Corea del Sur consigue ganar la medalla de oro en los Juegos Asiáticos que habrán de celebrarse en Indonesia el próximo mes de agosto, es muy posible que sea eximido de realizar el servicio militar y de continuar con su carrera futbolística.

Son Heung-Min ametralló con un gol de bandera a Guillermo Ochoa y encontró vacía la portería de Manuel Neuer con tal de seguir jugando fútbol al máximo nivel.

Ebria de soberbia, inocencia y vulgaridad, la afición de México se ceba en agradecimientos a un equipo que quiso ganar, o cuando menos no perder, pero en ningún caso hacerle un favor a nadie.

“Haiga sido como haiga sido…” ¡qué patéticos y mediocres son!

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