Por ANDRÉS TAPIA

La noticia de la muerte de Marie Fredriksson no pasa desapercibida para mí en el flujo de las notificaciones de los medios de comunicación a los que estoy suscrito, pero el reflujo de las redes sociales y sus hordas estridentes me hacen ignorarla apenas se convierte en trending topic. La noticia de la muerte de Marie Fredriksson, la parte femenina de Roxette, se convierte entonces en la mordida de un mosquito insignificante pero temerario que ha decidido atacar mi cuello.

Por ANDRÉS TAPIA

Es la madrugada de un domingo de hace, quizá, cuatro años. Un grupo de periodistas, amigos algunos, colegas muchos, departen en un bar del barrio de La Condesa en la Ciudad de México. Cumplido el horario que por ley le ha sido asignado, el lugar cierra sus puertas, entrega la cuenta y pide al ruidoso grupo que abandone el sitio. Así lo hace.

Una vez afuera hay abrazos de despedida, besos, y el deseo de algunos cuantos de continuar la parranda en otro bar, en la casa de alguno, donde sea. Y mientras charlan y se dicen “hasta pronto”, una pelea entre motociclistas que en su mediocridad aspiran a comportarse como miembros de los Hells Angels tiene lugar a unos cuantos metros. Vuela un casco, una cadena se estrella en el torso de alguno de ellos, y proliferan maldiciones en mexicano: nunca egregias, siempre vulgares.