Omicron: la variante que imaginó David Bowie

Por ANDRÉS TAPIA

David Cage, un escritor, músico y diseñador de juegos electrónicos de origen francés, comenzó a escribir en 1994 el guion de un videojuego que llevaría por título The Nomad Soul, el cual mutaría durante su desarrollo a Omikron: The Nomad Soul. La trama de éste es una historia compleja que tiene lugar en una ciudad futurista llamada Omikron y que forma parte de un mundo conocido como Phaenon.

Cage terminó el borrador de la historia y lo envió a algunos contactos que había conocido durante su carrera como músico; infortunadamente, la respuesta de todos fue la misma: no es un proyecto viable. Despechado y obsesionado, viajó a Londres y concertó una cita con una casa productora. En ese tiempo la industria de los videojuegos evolucionaba a pasos agigantados y las ideas disruptivas, por muy estrambóticas y descabelladas que fuesen, eran vistas como unicornios vivientes. De su reunión en Eidos Interactive, Cage salió con un cheque en la mano y el compromiso de que su obra sería producida.

Ambicioso como pocos, David de Gruttola –su verdadero nombre–, se sentó una tarde a escribir una lista de los músicos y grupos a los que pediría creasen la banda sonora del videojuego. Garabateó entonces: Björk, Massive Attack, Archive, David Bowie… Cage les envió una propuesta a todos ellos y el que menos esperaba que le respondiese fue el que lo hizo: David Robert Jones.

Bowie aceptó con entusiasmo, pero puso algunas condiciones: trabajaría con el guitarrista Reeves Gabrels, con la bajista Gail Ann Dorsey y los tres encarnarían a un personaje de la trama de Omikron: The Nomad Soul. Adicionalmente hubo otra petición: Iman, la esposa de Bowie, también interpretaría a un personaje del videojuego.

Del trabajo de Bowie y Gabrels surgieron decenas de canciones, algunas de las cuales no sólo serían parte de la banda sonora de Omikron: The Nomad Soul, sino que también darían origen, un poco más tarde, al álbum Hours, el vigésimo segundo en la carrera del cantante británico.

La trama del videojuego, ya se ha dicho, es muy compleja. Tanto como ingeniosa.

Al inicio de éste, el jugador en turno es conminado por un oficial de policía llamado Kay’l 669 a abandonar su dimensión e ingresar a Omikron dentro de su cuerpo, es decir, el sujeto en cuestión debe introducirse como un espectro, fantasma o alma en la persona de Kay’l 669. Si decide hacerlo, el jugador continuará con la investigación de una serie de asesinatos en la que el policía y otro agente estaban metidos (por supuesto, se trata de una de las tácticas inmersivas que los creadores de videojuegos desarrollan para hacer interactuar a los gamers con sus historias y vincularlos de manera casi íntima con un personaje).

Es sólo que Kay’l 669 ignora que es manipulado por Gandhar, uno de los principales comandantes de la policía de Omikron y quien en realidad es un demonio embaucador que atrae almas que habitan en otras dimensiones con la intención de robarlas. Para ello se vale de Kay’l 669, el depositario del Alma Nómada, que al solicitar ayuda a los humanos los ha puesto en riesgo: si su personaje muere en algún momento del juego, el jugador que ha usurpado su cuerpo perderá su alma para siempre.

Sin embargo, el jugador que ingresa en el cuerpo de Kay’l 669 no está solo: un grupo clandestino que lucha contra el gobierno de Omikron se pone a su disposición. Se hacen llamar The Awakened (los que han despertado) y trabajan en conjunto con una antigua orden religiosa liderada por Boz, un ser místico que existe en forma puramente electrónica en las redes informáticas de Omikron. Boz es el personaje que interpreta David Bowie.

En algún momento de la trama, Boz se aparecerá al Alma Nómada para decirle: “¡Despierten, pueblo de Omikron! Reshev y su gobierno corrupto los están adormeciendo para poder controlarlos totalmente. Los han transformado en marionetas que son manipuladas por Ix y los Demonios. Únanse a los que han despertado y levántense para luchar por su libertad. Juntos podemos ganar”.

Excepción hecha por los gamers más nostálgicos y empedernidos, algún diletante de los mismos o los fanáticos más recalcitrantes de Bowie, nadie podría recordar, a 22 años de distancia, el videojuego Omikron: The Nomad Soul, al agente Kay’l 669 y a Boz, ese activista revolucionario y religioso que el día de hoy sería un conjunto de metadatos en la red que –gracias a los avances de la Inteligencia Artificial– ha tomado consciencia y forma humana para advertir a una sociedad que está siendo manipulada por sus gobernantes.

Alguien dijo alguna vez: “Si no estás en televisión, no existes”. Esa frase hoy ha evolucionado y mutado de la siguiente manera: “Si no estás en YouTube, no existes”.

Alguien en el Mundo, uno de los casi 8,000,000,000 millones de habitantes que tiene la Tierra, subió a la plataforma de videos por streaming el fragmento de Omikron: The Nomad Soul en el que Boz-Bowie hace un llamado a los habitantes de la ciudad a rebelarse contra un gobierno corrupto y represor. Uno más encontró ese video y lo incorporó a Twitter en noviembre de 2021, justo en el momento que, tras el descubrimiento de la variante Omicron del virus SARS-CoV-2, las naciones del planeta comenzaron a experimentar un incremento alarmante de contagios de la pandemia que colectivamente se pensó estaba superada.

El video se volvió viral y muy pronto una teoría de la conspiración surgió: que en tanto Omikron: The Nomad Soul fue lanzado por Microsoft Windows en 1999 y Dreamcast en el año 2000, Bill Gates estaba implicado no sólo en la creación de éste, sino también en la del virus que el año 2020 replanteó las prioridades, costumbres y vida cotidiana de los seres humanos.

Excepto el deseo de una minoría de conseguir los 15 minutos de fama que corresponden a cualquier persona en el transcurso de su vida, y de los que alguna vez habló Andy Warhol, nada había de cierto: la histeria colectiva, un fenómeno que han encausado y potenciado las redes sociales en los últimos tiempos –muy especialmente Twitter–, dio pie a una historia pequeñita, apasionante, casi mítica, pero, a final de cuentas, falsa.

Una cita atribuida al escritor francés, Anatole France, reza: “La casualidad es el pseudónimo de Dios cuando no quiere firmar”. A seis años de distancia de la muerte de David Bowie, el cantautor británico ha vuelto a ser noticia, pero no sólo por su aniversario luctuoso. Caricaturizado como un personaje de videojuego, David Robert Jones llama a una revolución en un momento en que el Mundo necesita espabilarse como nunca en otro tiempo.

El video de Boz llamando a la insurrección no es el único del videojuego Omikron: The Nomad Soul que habita en YouTube: existe uno más que recopila los tres conciertos (en realidad tres canciones) que ofrece la banda The Dreamers, el grupo formado por David Bowie, Gail Ann Dorsey y Reeves Gabrels, en la clandestina intimidad –valga la tautología– creada ex profeso para un gamer que pretende escapar de la realidad asumiendo una personalidad fantástica que poco o nada tiene que ver con él pero que, a final de cuentas, puede liberarlo de la anormalidad o inconformidad de su existencia.

Survive”, “Something in the Air” y “The Pretty Things Are Going to Hell”, en ese orden, todas piezas del álbum Hours, son las canciones que Bowie, Dorsey y Gabrels interpretan en el video que da cuenta de la existencia de un juego que hoy, excepto algunos locos, nadie más tendría porqué recordar. Los títulos son elocuentes, que cada uno saque sus conclusiones.

Yo sólo tengo una y es muy simple: tenía razón el tal France.

“La casualidad es el pseudónimo de Dios cuando no quiere firmar”.