Por ANDRÉS TAPIA

Hacia finales de la década de 1980 el mundo era una broma.

Y era una broma simple, boba, carente de profundidad. Pero en cambio estaba repleta de una emotividad sorprendente. Vuelvo a esos años y me descubro mirando en televisión dos series que algunos años más tarde la mayoría de la gente habrá olvidado o siemplemente nunca las conoció: Alf y Los años maravillosos.

Por ANDRÉS TAPIA

En el episodio titulado “Conduit”, que pertenece a la primera temporada de la serie de televisión The X-Files, los protagonistas de la serie, Dana Scully (Gillian Anderson) y Fox Mulder (David Duchovny), sostienen en una escena el siguiente diálogo:

Scully: No parece existir algo sustancial como para garantizar una investigación.

Mulder: ¡De acuerdo, Scully, no estamos de acuerdo! No es la primera vez y no será la última.

Scully: Si por lo menos tuviésemos una fuente legítima podríamos…

Mulder: Ésta es la esencia de la ciencia: haces una pregunta impertinente con tal de obtener una respuesta pertinente.

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Por ANDRÉS TAPIA

El acto de mentir ostenta dos facetas: la benévola y la malévola. La primera es utilizada para salvarse a uno mismo (en La Biblia, con tal de no ser apresado, Pedro el Apóstol miente y niega a Jesús tres veces). La malévola, en cambio, tiene por objetivo engañar a los demás y obtener una ventaja (sin existir contacto alguno, Cristiano Ronaldo se arroja al césped dentro del área y finge haber sido tropezado por un contrario con tal de que el árbitro señale un tiro penal a favor de su equipo).

En el primer caso, la mentira se halla patinada de cobardía. En el segundo, de perversidad.