Por ANDRÉS TAPIA  /  Foto: LUBOMIR BUKOV

En 1929, una idea expuesta en un cuento llamado “Chains” del escritor húngaro Frigyes Karinthy, planteó el teorema de que cualquier persona del mundo puede estar conectada a otra sin que para ello intervengan más de cinco intermediarios; en ese entonces la Tierra tenía tan sólo 1,500 millones de habitantes.

Por ANDRÉS TAPIA

“Quitaos la ropa, chavales, aunque el clima sea malo. Y si por desgracia alguno de ustedes tiene que caer, hay peores cosas en la vida que una caída sobre los brezos. La vida en sí misma no es otra cosa más que un juego de fútbol”.

Sir Walter Scott

César Delgado corrió como un demonio por la banda derecha. Penetró al área grande justo por la esquina y, con un movimiento impredecible, quebró la cintura de dos defensas que, inertes, cayeron fulminados en el césped. Luego alargó la pelota con la punta del pie, casi con la delicadeza de un billarista a tres bandas –tuvo que hacerlo así para dejar sin oportunidad al portero de los Jaguares– y la metió al arco. No sé cómo ni por qué, pero en ese momento volví a un pasaje de mi infancia, un pasaje que, aunque ruinoso, de alguna extraña manera se mantenía en pie.

Por ANDRÉS TAPIA

La canción a la que más tiempo le ha tomado llegar a la cima de las listas de popularidad pertenece a David Bowie. Se escuchó por primera vez en la radio el 11 de julio de 1969, tan sólo unos días antes de que la misión Apollo 11 despegase de la Tierra (julio 16), para luego alunizar el 20 de julio a las 20:17:40 horas (UTC) en el Mar de la Tranquilidad de la Luna. Mientras la nave descendía en el único satélite de la Tierra, en la transmisión televisiva de la BBC la hicieron sonar como música de fondo. David Bowie, quien entonces tenía 22 años, miró y escuchó fascinado todo aquello sin creerlo del todo.

Por ANDRÉS TAPIA

El México que me enseñaron a admirar y a querer en el colegio, comenzó a desmoronarse el verano de 1978. Aquel año se celebró el Mundial de Fútbol en Argentina y la Selección Mexicana, aquel equipo del cual yo coleccioné todas las tarjetas que puso en el mercado la empresa Coca-Cola, perdió frente a Túnez, Alemania y Polonia por marcadores escandalosos: 3-1, 6-0, 3-1.

Yo tenía tan sólo diez años.

Por ANDRÉS TAPIA

Alguna vez una mujer me contó una historia muy extraña y sórdida que define a la perfección a México. En la familia de esta persona había dos hombres con el mismo nombre, pongamos, Pedro. Hijos de dos hermanos, para distinguirlos, solían llamarles Pedro “el nuestro” y Pedro “el suyo”.