Por ANDRÉS TAPIA / Fotografía: JORGE ROJAS – UNSPLASH
A Den, por esa discusión inconclusa de hace unos meses…
“Estoy en contra de ellos. Creo que es una elección terrible. Todo lo que hacen es sembrar odio. Terrible”. Ellos son Green Day y Bad Bunny, la banda punk estadounidense que tocará en la apertura del Superbowl LX, y el cantante puertorriqueño que protagonizará el show de medio tiempo. Quien está en contra de ellos es nada más y nada menos que Donald Trump.
Green Day y Trump tienen una historia antigua: en la entrega de los American Music Awards de 2016, cuando el ahora inquilino de la Casa Blanca contendía por la presidencia, el grupo entonó una arenga: “No Trump, no KKK, no fascist USA”.
La de Bad Bunny es más reciente e inició cuando Trump ordenó desplegar a los agentes del ICE por diversas ciudades de Estados Unidos para detener y deportar migrantes, especialmente latinos. Inquieto ante la posibilidad de que los miembros del ICE se apersonaran durante los conciertos correspondientes a su gira DeBÍ TiRAR MáS FOToS que tendrían lugar en dicho país, el cantante decidió no hacer presentaciones ahí.
Ocurrió, sin embargo, que Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre real de Bad Bunny, fue elegido para llevar a cabo el show del medio tiempo del Superbowl, y en tanto se trata de un espectáculo cuya audiencia está cifrada millones de personas, el también activista político tiene la posibilidad de plantarle de nuevo cara a Trump emitiendo un mensaje que podría trascender a la comunidad latina y alcanzar a todos los migrantes de Estados Unidos, legales o ilegales, que en tan sólo unos meses han visto trastocadas su forma de vida y esperanzas.
La vida de Martínez Ocasio en muchos sentidos es extraordinaria, aunque no muy distinta de otros músicos que empezaron de la nada. Hace tan sólo una década trabajaba empaquetando productos en un supermercado, hoy es el artista latino más popular de América y acaso también del mundo. Y sí, sin duda eso dice mucho de él, pero quizá lo más extraordinario de todo es que, careciendo de talento, haya conseguido tanto.
Bad Bunny no es un cantante, porque no canta; no es un compositor, sus “canciones” son meras rimas afortunadas que ha ido puliendo con el tiempo, pero que excepto ocurrencias y líricas elementales no dicen nada; tampoco es músico, sus nociones musicales son básicas al punto de lo grotesco: no domina ni toca instrumento alguno y en la suma de todo eso, por supuesto, no alcanza la categoría de artista.
Benito Antonio, empero, posee otros talentos. Físicamente agraciado supo sacar partido de ello y se convirtió en un dandy postmoderno que paradójicamente emergió del barrio, en un ícono de la moda y también en un sex symbol con un talento innato para el marketing.
Consciente de que carecía de las habilidades para ser un rockstar, se montó en la ola de aquellos que, como él, tenían el deseo, pero no los conocimientos y las gracias para destacar en la industria del entretenimiento, específicamente en el nicho del reggaetón, esa tropicalización del hip-hop que tantos millonarios ha producido. Es sólo que él lo hizo con más gracia, con más elegancia gracias a sus dotes de mercadólogo y su sensibilidad y capacidad de mezclar la haute couture con la moda urbana.
Green Day, la banda punk que servirá de telonera a Bad Bunny, alcanzó el clímax de su carrera el año 2004, cuando lanzaron el álbum American Idiot que hoy, en el contexto actual, es una profecía cumplida en los ámbitos cultural, político y social de los Estados Unidos.
DeBÍ TiRAR MáS FOToS, el álbum que ganó el galardón al mejor disco del año en la reciente entrega de los premios Grammy, es el primero en español que recibe dicha distinción. Y es un álbum con mucho salero, con grandes arreglos e instrumentación, con insuperables músicos de estudio que maquillan las innumerables falencias de un hombre que no sabe cantar, que no toca instrumento alguno, que escribe rimas insulsas que, no obstante, fascinan a la grada.
Y eso no está mal: Bad Bunny es el menos culpable de que la industria de la música haya vuelto a ceder a sus primarios y mezquinos intereses en prejuicio del arte: vender, vender, vender, así lo que vendas sea basura.
La industria de la música no creó el reggaetón (este nació en los barrios de Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, país este que en la década de 1980 inundó de cocaína al mundo y hoy continúa suministrando el mismo producto y esta otra droga que al menos a Latinoamérica la tiene adormecida), pero sí lo potencializó y se sirvió de él para llenar nuevamente sus arcas.
Y al hacerlo fue reeducando a los consumidores: “Tienes que escuchar esto, no importa que parezca mierda, en el fondo no lo es. Dale una oportunidad y verás, acabará por gustarte”.
Benito Antonio Martínez Ocasio, el no cantante, el no compositor, el no músico, el no artista, el no poeta que hoy es el más grande de todos esos rubros aunque no lo sea, tiene un talento que, sin embargo, es inatacable, inamovible e indiscutible. En realidad no es un talento, sino un principio: el barrio no se olvida.
A partir de este teorema, Bad Bunny ha enarbolado la bandera del rock ‘n’ roll como nadie en muchos años. En consecuencia, le ha plantado cara a un tirano y a un gobierno que, sin exageración, se parece mucho, mucho, al que encabezó Adolf Hitler en la década de 1930 y dio pie al nazismo, a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto.
No tengo la menor idea de lo que hará Bad Bunny el próximo domingo, pero estoy seguro de que será épico. Acaso no en términos musicales, pero sí políticos y sociales. Por lo pronto ya consiguió que el narcisista Donald Trump, siempre tan ávido del culto a su persona, no se apersone en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, ese estado de la Unión Americana que está repleto de latinos, mayormente mexicanos.
Llegado a este punto te pido perdón, Benito: no puedo ni podré jamás admirarte como músico, artista, compositor, poeta y cantante porque no eres ninguna de esas cosas… lo lamento mucho. Pero tienes el alma de rockero y no sabes cuánto, cuánto, cuánto te respeto y admiro por ello.
¡Dales con todo, bro!
Stick it to the man!