Por ANDRÉS TAPIA

Hubo un tiempo en el que el país en el que vivo fue un buen sitio para vivir: el diario llegaba todas las mañanas y, pese a que era arrojado con la violencia con la que se arroja un cadáver, nadie temía levantarlo porque en sí mismo aquello era un acontecimiento feliz. Era así porque las malas noticias ocurrían en otros países y en otros tiempos, y la tormenta que vendría estaba situada en un futuro muy distante.

En tiempos como ese, las tragedias, por ejemplo, ocurrían en Nueva York. La noche del 10 de agosto de 1977, un periodista de televisión en México llamado Jacobo Zabludovsky, en punto de las 22:00 horas, inició su programa con las siguientes palabras: “Nueva York al fin puede dormir: cayó el Hijo de Sam”. Zabludovsky se refería a David Berkowitz, un asesino serial que había asesinado a seis personas y herido a siete más en un lapso cercano a 13 meses.

Por ANDRÉS TAPIA

En el tercio final de la película The Shawshank Redemption (Frank Darabont, 1994), Andy Dufresne (Tim Robbins) pregunta a su amigo Red (Morgan Freeman) si cree que abandonará alguna vez la prisión de Shawshank en la que ambos están recluidos. Dufresne ha permanecido ahí 19 años por un doble asesinato que no cometió; Red, en cambio, es culpable de homicidio en primer grado y ha cumplido 39 años de una sentencia de cadena perpetua. Red, cuyo nombre completo es Ellis Boyd Redding, le responde que sí: “…un día, cuando tenga una larga barba blanca y dos o tres tornillos sueltos, me dejarán salir”.

Con una mueca que forcejea por convertirse en sonrisa, un visaje que se corresponde tras dos meses de estancia en solitario en “el hoyo”, Dufresne replica: “Te diré a donde iría yo… Zihuatanejo (…) está en México. Un lugar pequeño en el Océano Pacífico. ¿Sabes qué dicen los mexicanos del Pacífico?”.

Por ANDRÉS TAPIA / Fotografía: BIRNA BRJÁNSDÓTTIR-FACEBOOK

El pasado mes de enero, Islandia casi cumplió con su cuota anual de homicidios (1.8). La madrugada del día 14, Birna Brjánsdóttir, una chica de 20 años que trabajaba como vendedora en la tienda departamental Hagkaup, fue vista por última vez mientras caminaba dando traspiés por Laugavegur, la avenida principal del centro de Reykjavík. Una cámara de CCTV registró esto.

Birna no llegó a casa ni fue a trabajar al día siguiente, eso fue suficiente para declararla como desaparecida. Alrededor de 775 personas se ofrecieron como voluntarios para buscarla. Peinaron cada centímetro de la capital de Islandia y sus alrededores. Al mismo tiempo, la noticia de su desaparición dominó los espacios en los medios de comunicación, en las redes sociales y en las charlas de café.

Por ANDRÉS TAPIA // Foto: LEONARDO MUÑOZ (EPA)

Conocí a Enrique Patiño los últimos días de febrero de 2001 en la ciudad de Hamburgo, Alemania. Tanto él como yo y otros ocho periodistas latinoamericanos (Maricel, Malena, María Elena, José Luis, Marcelo, Ana, Ligia y Eduardo), habíamos sido seleccionados por el Internationale Journalisten-Programme para pasar una temporada en Berlín colaborando en un medio de comunicación afincado en esa ciudad.

La IJP nos proporcionó una suma que amparaba los billetes de avión, así como el costo de una estancia promedio para renta y alimentos. Tuve la suerte de entrar en contacto, a través de Martin Spiewak, el director del programa, con Araceli Vicente Álvarez, una profesora que daba clases de español en Berlín. Intercambiamos algunos correos electrónicos y ella accedió a hospedarme en su casa: un apartamento ubicado en el número 46 de la Görlitzer Strasse, en el barrio de Kreuzberg.

Por ANDRÉS TAPIA

El año 1991, en Holanda, se transmitió un programa de televisión llamado Nummer 28. Siete jóvenes que no se conocían entre sí, fueron alojados en una residencia de estudiantes y sus vidas observadas por espacio de varios meses. Parecía un experimento interesante, pero la audiencia no lo vio así y el programa fue cancelado luego de una temporada. El año siguiente MTV intentó algo similar, y también la BBC, pero el resultado fue el mismo.

Las cosas cambiarían algo menos de una década más tarde con la aparición de los programas Survivor y Big Brother. Por un tiempo pareció interesante observar a un grupo de extraños reunido en un sitio cercado, fuese éste una isla, una región o una residencia. Sin embargo, con el paso de los años, el modelo se agotó –si bien no por completo– y la vida de una decena de desconocidos que interactuaban y competían entre sí se volvió un asunto soso e idiota.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: STR/EPA

A Javier Martínez Staines, una voz crítica que hoy nos hace mucha falta

El pasado viernes 31 de julio, cinco personas fueron asesinadas en el barrio Narvarte de la Ciudad de México: cuatro mujeres y un hombre. Los detalles del asesinato han sido ventilados a cuentagotas por la policía si bien hay momentos en que se contradicen. Lo único que parece ser verdaderamente cierto (la tautología es válida), es que las cinco personas recibieron un tiro en la cabeza (el llamado tiro de gracia) si bien hay alguna versión que señala que en el caso del sujeto masculino, los disparos recibidos podrían haber sido dos o tres.

Por ANDRÉS TAPIA

Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Marzo 17, 2014.

19:00 horas.

Una agente federal de aproximadamente 1.65 metros de estatura, me detiene tras haber superado el semáforo del control de aduanas. En México se práctica una inspección aleatoria para detectar el ingreso de mercancías susceptibles de pago de impuestos al país. Dicha inspección es muy simple: un panel electrónico exhibe un botón de color rojo que los recién llegados, nacionales o extranjeros, deben oprimir luego de haber sometido a un scanner todo el equipaje que portan consigo. Si luego de oprimir el botón la pantalla se ilumina de color verde, el viajero obtiene un salvoconducto para evitar la inspección; si en cambio es rojo, deberá someter todo su equipaje al escrutinio de los “feds”.

Por ANDRÉS TAPIA // Foto: AP

A Rafael Molano

Pablo Emilio Escobar Gaviria es uno de esos extraños fenómenos que suelen ocurrir una vez cada 100 años. Su vida, una colección de lugares comunes insignificantes, devino leyenda macabra y accidente fatal en la historia de Colombia.