Por ANDRÉS TAPIA

Ocurrió en los días postreros de la primavera de 2009.

Con los modos de una guerrilla, feliz e improbablemente, el verano había tomado Londres por asalto y yo había perdido mi vuelo a México. Entonces British Airways sufría una aguda crisis financiera y sus siete vuelos directos a la Ciudad de México se habían reducido a tan sólo tres por semana: martes, jueves y sábado. Era el 2 de junio, martes, y en consecuencia mi regreso a casa se había postergado 48 horas. No lo lamenté.

Por ANDRES TAPIA // Fotografía: CUARTOSCURO

Javier Duarte de Ochoa es el gobernador del estado mexicano de Veracruz, el cual se sitúa en la costa este del país y abarca buena parte de la zona sur del Golfo de México. Fue electo el 4 de julio de 2010, y declarado ganador oficial de la contienda el 26 de octubre del mismo año, luego de una serie de impugnaciones promovidas por su contrincante más cercano, Miguel Ángel Yunes. Las cifras para uno y para otro fueron de 1,357,705 votos, y 1,278,147.

Duarte de Ochoa es un hombre obeso, con calvicie incipiente, que ostenta una sonrisa tan tímida que nunca acaba de ser tal y por lo tanto puede ser declarada como cínica o falsa. La línea recta de su boca pocas veces –o nunca– se curva cuando sonríe. Sin embargo, al estar enmarcada por dos mejillas generosas y un par de hoyuelos infantiles, uno tiene que conceder –aunque la evidencia no parezca suficiente– que el hombre está sonriendo. O que al menos finge sonreír.

Por ANDRÉS TAPIA

Incluso en un país tan fervientemente católico como México, el representante de Dios sobre la Tierra debe caminar de puntillas sobre las inquietas y profundas aguas del mar mexicano del nacionalismo. So pena, claro está, de ahogarse.

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Por ANDRÉS TAPIA

El acto de mentir ostenta dos facetas: la benévola y la malévola. La primera es utilizada para salvarse a uno mismo (en La Biblia, con tal de no ser apresado, Pedro el Apóstol miente y niega a Jesús tres veces). La malévola, en cambio, tiene por objetivo engañar a los demás y obtener una ventaja (sin existir contacto alguno, Cristiano Ronaldo se arroja al césped dentro del área y finge haber sido tropezado por un contrario con tal de que el árbitro señale un tiro penal a favor de su equipo).

En el primer caso, la mentira se halla patinada de cobardía. En el segundo, de perversidad.

Por ANDRÉS TAPIA

En el sótano de una casona de la calle Juan de Garay, en Buenos Aires, posiblemente en el barrio de Belgrano, Jorge Luis Borges, a través de Carlos Argentino Daneri, su álter ego y a la vez un anagrama imperfecto de Dante Alighieri, descubrió El Aleph.