Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: LOFF.IT

En la biblioteca de mi padre había un libro de bolsillo, desgarbado y en apariencia insignificante. Se titulaba El mono desnudo y había sido escrito por un tal Desmond Morris. Lector ávido, pero carente de sistema, papá acumulaba libros de las disciplinas más disímbolas. Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu; El gran libro de lo asombroso e inaudito; Cien años de soledad; Fahrenheit 451; Así hablaba Zaratustra

Para un niño de diez años la mayoría eran incomprensibles. Pero mi padre, de una manera asistemática pero efectiva, me preparó a mí y a mis hermanos no sólo para leer y comprender conceptos elevados y complejos, sino también para entender al mundo al que un día nos enfrentaríamos.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: AMI VITALE

El Mundo ya no es un lugar seguro. Pudo ser ayer, esta mañana o cualquier otro día del futuro, pero un día es posible que despiertes y caigas en la cuenta de que todo aquello que exhibías con orgullo o, bien, fingida indiferencia, fue utilizado por alguien para penetrar tu psyche y hacerte no vulnerable —en realidad lo fuiste desde el momento en que confiaste en alguien que no conocías— sino manipulable.

Es así porque en algún momento de los últimos 14 años, sin apenas notarlo, cedimos a la tentación de formar parte de un microuniverso que está contenido en un planeta llamado Tierra  en el que habita una especie conocida como humana, si bien taxonómica y paradójicamente designada como Homo sapiens.

Por ANDRÉS TAPIA // Foto: GETTY IMAGES

El año 2007 fue el último del calendario gregoriano en que el homo sapiens se mantuvo erguido. A contracorriente de la tecnología, que ese año alcanzó uno de los puntos climáticos en la era de Internet, los seres humanos comenzamos a perder la capacidad de contemplar al mundo desde nuestra propia óptica.

Ha pasado tan sólo una década, pero la sensación que se percibe es que se trata de un siglo. Ese año Bulgaria y Rumania ingresaron a la Unión Europea, Eslovenia pasó a formar parte de la llamada Zona Euro, un impoluto Luiz Inácio Lula da Silva tomó posesión de la presidencia de Brasil, mientras que Hugo Chávez dio comienzo a su tercer periodo al frente del gobierno de Venezuela.

El de aquel año era un mundo diametralmente distinto al que conocemos hoy: ingenuo, improbable, absurdo y hasta feliz. Entonces Corea del Norte anunció su intención de poner punto final a su programa nuclear a cambio de combustible y financiamiento económico; la carrera de Britney Spears, agotada de escándalo en escándalo, parecía estar acabada cuando decidió raparse; la selección de fútbol de los Estados Unidos se alzó victoriosa con la Copa Oro y, después de diez años de ausencia, el grupo argentino Soda Stereo anunció su regreso a los escenarios con la gira “Me verás volver”.

Por ANDRÉS TAPIA / Ilustración: PROCEDENTE DE PrairieBeauty.com

Una tarde de mediados de la década de 1970, mientras aguardaba en la sala de espera de un hospital, un hombre –quizá un anciano– tomó asiento frente a mí. No puedo recordar quién estaba conmigo: si mi madre, si mi padre, si yo estaba enfermo, o quién. Me recuerdo, en cambio, solo frente a aquel hombre mayor que llevaba puesto un sombrero, que tenía las manos rudas de un campesino, y que cargaba consigo una bolsa de malla que en el México de aquel tiempo se utilizaba para hacer las compras en los mercados populares.

Por ANDRÉS TAPIA

Una noche de hace algunos años, acordé encontrarme con una amiga tan pronto ella terminase con una traducción que realizaba. Dijo que concluiría avanzada la noche o quizá de madrugada; le respondí que la esperaría. Sin embargo, para matar el tiempo, decidí aceptar la invitación de otros amigos para asistir a un bar cercano a la casa de ella.