Por ANDRÉS TAPIA

Pretender denostar o minimizar el talento de Diego Armando Maradona, ya sea en círculos académicos cerrados, barrios populares, sobremesas casi imposibles en estos tiempos o en las volátiles redes sociales, es un despropósito y equivale a atentar contra el dios de una de las tres principales religiones del Mundo. O, mejor dicho, cuatro, porque nos guste o no el fútbol es la cuarta. Y lo que ocurrió ayer refiere una fascinación sólo comparable a los excesos intrínsecos de una religión.

México fue el escenario en el que Maradona protagonizó su gesta más grande: la consecución del segundo Mundial de Fútbol para Argentina, el más importante, el verdadero y auténtico, porque el primero, el conseguido en la propia casa, ese no cuenta. Acaso porque cuando ocurrió, 1978, la Argentina tenía otras cosas por las que preocuparse: una dictadura militar había sometido al país y sobrevivir era más importante que un campeonato de fútbol.

Por ANDRÉS TAPIA

En la mitología griega, Sísifo —el astuto rey de Corinto, ladrón consumado y embaucador por excelencia—somete a Tánatos (dios de la muerte) cuando éste se presenta ante él para hacerle pagar una afrenta perpetrada en contra de Zeus, y lo encadena. En consecuencia, durante algún tiempo nada ni nadie puede morir.

Hades, guardián del inframundo y hermano de Zeus, impreca a éste y le exige libere a Tánatos. Zeus envía entonces a Ares, dios de la guerra, a cumplir con este cometido; tras conseguirlo, Sísifo es enviado al inframundo. Pero el rey de Corinto, anticipando una situación así, tiempo antes había solicitado a Mérope, su esposa y una de las siete Pléyades, que cuando muriese dejase insepulto su cuerpo y no le ofreciese ningún ritual funerario.

Sísifo se queja ante Hades por las omisiones de Mérope y solicita su venia para volver a la vida y castigarla por ello. Pero Sísifo no tiene intenciones de regresar al inframundo. Y no lo hace hasta que, después de muchos años, muere por segunda y definitiva ocasión.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: QUINN ROONEY (GETTY IMAGES)

A Ethel, que más que yo ha esperado tanto tiempo por este día

El invierno en el hemisferio sur tiene lugar en el verano del hemisferio norte; es el mes de julio del año 2017. Con temperaturas que descienden más allá de los -50º Celsius, un trozo de hielo de cuatro veces el tamaño de la Ciudad de México se desgaja de la Antártida.

Al dejar de formar parte de la placa continental, muta su nombre al de iceberg, no de isla, pues en rigor no se trata de una zona de masa estable, sino de una porción de hielo susceptible de derretirse y de flotar a la deriva durante un tiempo indeterminado.

Los científicos levantan la mirada al cielo –como si interpelaran a Dios– y se preguntan si este fenómeno tiene que ver con el calentamiento global y los seres humanos somos responsables de ello.

Por ANDRÉS TAPIA

Los héroes surgen en la infancia, tiempo en el que justa y precisamente es necesario encontrar un modelo a seguir o imitar. Eso no descarta la posibilidad de que existan héroes tardíos, pero estos casos suelen ser pocos y extraños.