Por ANDRÉS TAPIA

Es muy posible, sin que existan las fuentes necesarias para confirmarlo, que las palabras “La Tierra es azul” fueran pronunciadas por el cosmonauta soviético Yuri Gagarin durante la misión que emprendió a bordo del Vostok 1el 12 de abril de 1961, y la cual consistió en orbitar el planeta, así como experimentar las actividades más simples de un ser humano en estado de ingravidez.

La narrativa oficial de la entonces URSS no las da por ciertas, tampoco las desmiente, si bien resulta lógico que ante la circunstancia de ser el primer ser humano en el espacio que contempló la Tierra desde el espacio exterior, Gagarin haya descrito con detalles minuciosos lo que vio por iniciativa propia o, bien, por exigencia del Control de Tierra.

Pero las haya pronunciado o no, hoy sabemos que son ciertas y la única referencia que existe en contra de su posible paternidad procede de una de las más simples y extraordinarias líneas poéticas que se hayan escrito jamás: en 1969, en la canción “Space Oditty” estrenada ese año, David Bowie haría decir al Major Tom —el personaje ficticio de la misma—: “Planet Earth is blue, and there’s nothing I can do”.

Por ANDRÉS TAPIA

El año de 1971 David Bowie tuvo un sueño. En él, Haywood Stenton Jones, su padre, quien había fallecido en 1969 y que trabajó la mayor parte de su vida como director de relaciones públicas de Barnardo’s Children Homes –una asociación civil británica dedicada a atender niños y adolescentes en situación de abandono o vulnerabilidad–, le dijo que le restaban cinco años de vida y que no debería volver a viajar en avión.

Bowie desestimó el consejo onírico de su padre. Y no.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: FERNANDO ACEVES

Look up here, man, I’m in danger

I’ve got nothing left to lose

I’m so high it makes my brain whirl

Dropped my cell phone down below

Ain’t that just like me?

Lazarus

Uno de los primeros días del mes de enero del año 2000, un teléfono sonó en la redacción del periódico Reforma de la Ciudad de México. Apenas escuchar el timbre, Carlos Meraz y yo nos sobresaltamos. Descolgué, encendí el altavoz, dije “Hello!” y, acto seguido, una voz de inconfundible acento londinense y coloratura de barítono, exclamó: “Soy David Bowie, chicos. ¿Cómo están?”.

Por ANDRÉS TAPIA

Desde que el hombre pudo tomar un trozo de piedra, papiro, papel o cualesquier otro material y contar en él y a partir de él una historia, la literatura ha permitido a sus protagonistas regresar y existir eternamente. A eso se refería Honoré de Balzac –a quien se le atribuye la creación de dicho recurso literario– con el retorno de los personajes.

La fórmula de Balzac halló eco muy pronto y sería Edgar Allan Poe, a través de la figura del Chévalier Auguste Dupin [“Los crímenes de la Rue Morgue” (1841), “El misterio de Marie Rogêt” (1842) y “La carta robada” (1844)], el primero en utilizarla.

De ese modo, Poe plantó la piedra filosofal de la novela policiaca, la cual se convertiría en género literario a partir de la aparición, unas décadas más tarde, del Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle y el Hercules Poirot de Agatha Christie.

Por ANDRÉS TAPIA

La canción a la que más tiempo le ha tomado llegar a la cima de las listas de popularidad pertenece a David Bowie. Se escuchó por primera vez en la radio el 11 de julio de 1969, tan sólo unos días antes de que la misión Apollo 11 despegase de la Tierra (julio 16), para luego alunizar el 20 de julio a las 20:17:40 horas (UTC) en el Mar de la Tranquilidad de la Luna. Mientras la nave descendía en el único satélite de la Tierra, en la transmisión televisiva de la BBC la hicieron sonar como música de fondo. David Bowie, quien entonces tenía 22 años, miró y escuchó fascinado todo aquello sin creerlo del todo.