La profecía de David Bowie (Ground Control To Major Tom)

Por ANDRÉS TAPIA

Desde que el hombre pudo tomar un trozo de piedra, papiro, papel o cualesquier otro material y contar en él y a partir de él una historia, la literatura ha permitido a sus protagonistas regresar y existir eternamente. A eso se refería Honoré de Balzac –a quien se le atribuye la creación de dicho recurso literario– con el retorno de los personajes.

La fórmula de Balzac halló eco muy pronto y sería Edgar Allan Poe, a través de la figura del Chévalier Auguste Dupin [“Los crímenes de la Rue Morgue” (1841), “El misterio de Marie Rogêt” (1842) y “La carta robada” (1844)], el primero en utilizarla.

De ese modo, Poe plantó la piedra filosofal de la novela policiaca, la cual se convertiría en género literario a partir de la aparición, unas décadas más tarde, del Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle y el Hercules Poirot de Agatha Christie.

Pero el retorno de los personajes nunca fue exclusivo de la novela policiaca, si bien ha sido en ese género donde halló su terreno más fértil. Con la invención del cine y el surgimiento de Hollywood como industria, la literatura pudo extender su campo de acción y, en consecuencia, también ofreció la posibilidad a sus protagonistas de regresar eternamente a las pantallas.

La música, empero, por su propia naturaleza parecía imposibilitada para conseguir un efecto similar. Y si bien desde su instauración como género (más o menos la mitad del siglo XVII) la ópera reunía las condiciones y circunstancias necesarias para la creación de un personaje y la posibilidad de su retorno, tal idea no tuvo lugar en su desarrollo. Sin embargo, habría que señalar que las figuras del juglar y el trovador, esos payasos y poetas del medioevo que recorrían las antiguas cortes de Europa ofreciendo bailes, poesía musicalizada e historias diversas, tanto ficticias como verídicas, renacerían trescientos años después en un mundo que parecía necesitarlos más que nunca.

Bob Dylan podría ser el primer neo-juglar y trovador de la era moderna, el primero, quiero decir, en musicalizar la poesía y contar las historias de su tiempo. Pero esa discusión, si ha lugar y es errónea o precisa, no es el motivo de estas líneas.

Existe una canción que data de finales de la década de 1960 –justo cuando en el mundo tiene lugar un movimiento contestatario de jóvenes que armados de guitarras, una excesiva dosis de idealismo, muchas historias tristes y un incipiente gusto por las drogas–, que narra la historia de un astronauta ficticio que viaja al espacio exterior y que, al momento de realizar su primera caminata espacial, asombrado por lo que contempla, decide perderse en el universo y no volver a la Tierra. Cualquier persona con una mínima cultura musical sabe que esa canción se llama “Space Oddity” y su compositor es el artista británico David Bowie.

Bowie la compuso inspirado no sólo en la película 2001: Odisea del Espacio (1968) de Stanley Kubrick, sino también a propósito de la misión espacial Apollo 11, que condujo al primer alunizaje de seres humanos en la Luna.

El protagonista de la historia es un hombre al que sólo conocemos como Major Tom y de quien lo único que se sabe es que tiene una esposa en la Tierra.

La canción, que describe puntualmente el despegue, trayecto y diálogos entre el Major Tom y el Control de Tierra, culmina cuando la comunicación se interrumpe abruptamente: Ground Control to  Major Tom / Your circuit’s dead, there’s something wrong? / Can you hear me, Major Tom? /  Can you hear me, Major Tom? / Can you hear me, Major Tom?

La historia de Bowie, desde cualquier punto de vista es fascinante, incluso el meramente anecdótico: enfrentado a la inmensidad, belleza y soledad del espacio, un hombre decide no volver a casa así sea a costa de su muerte. El Major Tom de Bowie es, pues, Ulises negándose a volver a Ítaca para abrazar a Penélope.

Hasta aquí la historia ya es extraordinaria. ¿Podría serlo aun más si el Major Tom regresara en tanto personaje pasado algún tiempo? David Bowie lo hizo volver en las canciones “Ashes to Ashes” (1980) y en “Hallo Spaceboy” (1995).

Y no fue el único: el músico alemán Peter Schilling hizo lo propio en su álbum Error in the System (1983) con la melodía “Major Tom (Coming Home)”, el único hit por el que acaso Schilling será recordado. El año 2002, el artista canadiense Kirby Ian Andersen compuso la pieza “Mrs. Major Tom”, que recoge la postura de la esposa del astronauta. Dos años más tarde, los también canadienses The Tea Party crearon “Empty Glass”, una canción en la que un alguien desconocido pregunta constantemente al Major Tom acerca del propósito de su vida. Finalmente, Lana Del Rey, en su álbum más reciente, Honeymoon, menciona al Major Tom en la melodía “Terrence Loves You”.

Pero si no bastara, el año 2013 el astronauta canadiense Chris Hadfield, a bordo de la Estación Espacial Internacional, realizó el primer videoclip que se ha filmado en el espacio exterior y la canción que ejecutó con su propia guitarra no fue otra más que “Space Oddity”.

Han pasado 46 años desde que Bowie creó al Major Tom y hoy, al fin, el mundo parece tener la certeza de que está muerto. Al menos eso es lo que se ve en el videoclip de casi diez minutos de duración que Bowie hizo público apenas hace unos días: “Blackstar”.

Al comienzo del mismo, la escafandra de un astronauta yace abandonada en un paisaje lunar iluminado por una estrella negra. Una mujer bellísima, vestida como humana pero que posee una cola prensil, se acerca hasta el traje tan sólo para descubrir un esqueleto cuyo cráneo está adornado con piedras preciosas.

La mujer recoge el cráneo y lo lleva a una ciudad muy parecida en sus formas a cualquier ciudad de Medio Oriente. Sin que se disponga de información certera acerca de la historia que pretende narrar el video (David Bowie no ha dado entrevistas en más de una década y ha sido muy hermético, incluso con sus músicos, en relación a este nuevo proyecto y el anterior), Bowie parece interpretar al profeta de una religión que anuncia una suerte de Apocalipsis.

Alternativamente aparecen tres personas, dos hombres y una mujer, en apariencia poseídos –por algo, por alguien– así como un grupo de mujeres que veneran al cráneo de quien suponemos es el Major Tom y también ejecutan una suerte de ritual frenético. Hacia el final, tres espantapájaros crucificados parecen querer librarse del suplicio que padecen. Lo último que se ve es la ciudad a la que la mujer que descubre el cadáver del Major Tom llevó su cráneo.

Donny McCaslin, un saxofonista especializado en jazz que suele tocar con su grupo en el 55 Bar, el cual se localiza en el West Village de Nueva York y quien fue reclutado una noche por el propio Bowie para participar en su nuevo disco, parece ser la única persona que tiene una idea acerca de lo que el artista quiso expresar en “Blackstar”. En una declaración recogida por la revista Rolling Stone, McCaslin asegura: “(Bowie) me dijo que trata acerca de ISIS”.

“Space Oddity” fue puesta en el aire el 11 de julio de 1969, nueve días antes de que el Apollo 11 llegara a la Luna. Ese día nació, formalmente hablando, el mito del Major Tom. Cuarenta y seis años más tarde, cuando las milicias del llamado Estado Islámico atacan sin discreción Líbano, Siria, Francia, Iraq, Túnez, Egipto, Bélgica, y han puesto en la mira a 60 países del mundo amén de crear de manera indirecta una tensión creciente entre Turquía y Rusia, David Bowie, ese juglar postmoderno, reaparece vestido de profeta y anuncia que una estrella negra se cierne sobre el mundo.

Y lo hace mostrando al fin el cadáver del Major Tom.

A despecho de todo el amor que te tengo, David, espero que seas un falso profeta.

Y que hoy, por primera vez, te equivoques.

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