Por ANDRÉS TAPIA

En el tercio final de la película The Shawshank Redemption (Frank Darabont, 1994), Andy Dufresne (Tim Robbins) pregunta a su amigo Red (Morgan Freeman) si cree que abandonará alguna vez la prisión de Shawshank en la que ambos están recluidos. Dufresne ha permanecido ahí 19 años por un doble asesinato que no cometió; Red, en cambio, es culpable de homicidio en primer grado y ha cumplido 39 años de una sentencia de cadena perpetua. Red, cuyo nombre completo es Ellis Boyd Redding, le responde que sí: “…un día, cuando tenga una larga barba blanca y dos o tres tornillos sueltos, me dejarán salir”.

Con una mueca que forcejea por convertirse en sonrisa, un visaje que se corresponde tras dos meses de estancia en solitario en “el hoyo”, Dufresne replica: “Te diré a donde iría yo… Zihuatanejo (…) está en México. Un lugar pequeño en el Océano Pacífico. ¿Sabes qué dicen los mexicanos del Pacífico?”.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: DANIEL SCHWEN

Triste la mirada de Jennie sobre la ventana; me habría dicho minutos antes: “Se fue, no está más, es inalcanzable para ti”. Pero no subí los catorce escalones que median entre la calle y su apartamento ni llamé a su puerta dos veces ni le estreché la mano ni me arrepentí ni le dije nada. Y es que ya sabía que Sydney la había visitado la noche anterior, la dulce pelirroja Sidney, con sus pecas amables en el rostro y sus tetas extraordinarias, tan linda, y seguro le había contado de su paseo en bote con Jeremiah por la bahía, de lo felices que eran mientras la brisa desnudaba sus cuerpos desnudos y ya requemados por el sol, de las cuatro veces que hicieron el amor y los once orgasmos que tuvieron, pero, sobre todo, de la visión de Jacko apostado en el Golden Gate, extraviados los ojos en la perspectiva de San Francisco…

—¡Jacko! ¡Hijo de puta!

Por ANDRÉS TAPIA

El modelo económico de la oferta y la demanda enuncia, en su primera ley, que cuando la última excede a la primera, el precio de un bien suele aumentar. Pero, si ocurre a la inversa, entonces el precio disminuye.