Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: LOFF.IT

En la biblioteca de mi padre había un libro de bolsillo, desgarbado y en apariencia insignificante. Se titulaba El mono desnudo y había sido escrito por un tal Desmond Morris. Lector ávido, pero carente de sistema, papá acumulaba libros de las disciplinas más disímbolas. Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu; El gran libro de lo asombroso e inaudito; Cien años de soledad; Fahrenheit 451; Así hablaba Zaratustra

Para un niño de diez años la mayoría eran incomprensibles. Pero mi padre, de una manera asistemática pero efectiva, me preparó a mí y a mis hermanos no sólo para leer y comprender conceptos elevados y complejos, sino también para entender al mundo al que un día nos enfrentaríamos.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: EVENING STANDARD

Hace algunos años, el etólogo, zoólogo y pintor surrealista británico Desmond Morris, uno de los últimos de esta corriente artística que permanecen vivos, durante una conversación telefónica, a pregunta expresa en relación a la supervivencia de la raza humana, me respondió que estaba seguro que sobreviviríamos como especie –si bien en detrimento de otras–, pero que sospechaba que enfrentaríamos severas pérdidas y que éstas estarían relacionadas con el surgimiento de enfermedades que tomarían por sorpresa a los científicos.