Las fotos de Javier Duarte

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: CUARTOSCURO

Al gobernador del estado mexicano de Veracruz le gustan las fotografías, las redes sociales y es un practicante denodado del culto a la personalidad.

Se llama Javier Duarte, nació el 19 de septiembre de 1973, posee una licenciatura en Derecho por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, una Maestría en Derecho, Economía y Políticas Públicas por el Instituto Universitario Ortega y Gasset (de la Fundación José Ortega y Gasset de Madrid, España), y también es maestro en Gestión Pública Aplicada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), amén de contar con un doctorado en Economía e Instituciones por la Universidad Complutense de Madrid (todo ello de acuerdo a los datos que recoge la Wikipedia).

De ser cierto lo que consigna el portal de Internet fundado por Jimmy Wales, el gobernador Duarte aventaja en estudios al Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien sólo ostenta un BA por la Universidad de Columbia y un doctorado por la Universidad de Harvard.

Espero no se me juzgue severamente por lo que diré, pero tengo la impresión de que el gobernador Duarte es casi o tan poderoso como Barack Obama. Digo esto porque, en una de las fotografías que el gobernador veracruzano exhibe en su cuenta de Twitter, aparece sonriente junto al Papa Francisco.

Al día de hoy, el presidente del país más poderoso del mundo y el representante de Dios en la Tierra para la Religión Católica, no se han encontrado nunca. Eventualmente lo harán, sin duda, acaso el mes próximo, pero hoy, 12 de febrero de 2014, Barack Hussein Obama no puede presumir en su cuenta de Twitter una fotografía con el sucesor de Pedro el Apostol.

Javier Duarte de Ochoa sí.

Ahora bien, ¿debemos juzgar al gobernador Duarte por su protagonismo y oportunismo? Es decir, si cualquiera de nosotros tuviésemos la oportunidad de tomarnos una fotografía con una celebridad mundial… ¿no lo haríamos? No seamos hipócritas, ¡por supuesto que sí! Yo tengo una foto con Joaquín Sabina y Fito Páez en la casa de Frida Kahlo en el barrio de Coyoacán de la Ciudad de México, y una más con Katy Perry que subí ipso facto a mi cuenta de Facebook. Por supuesto: me siento un pavorreal cada vez que hablo de ellas.

Lo que no tengo es una imagen cargando a dos mellizos recién nacidos –como sí la tiene el gobernador Duarte–. Tampoco una foto con el Secretario de Hacienda de México, Luis Videgaray –y eso que coincidí con él en el Foro Forbes que tuvo lugar en la Ciudad de México en septiembre pasado–. Mucho menos puedo presumir una gráfica con el Secretario de la Marina de México, Vidal Soberón, como sí puede hacerlo Javier Duarte.

Y qué decir de una fotografía con la embajadora de Canadá, Sara Hradecky (en verdad empiezo a sentirme miserable), o con el atleta Abel Jesús Mendoza Mora, ganador de la medalla de plata en el Mundial de Taekwondo. Y no se me malinterprete, no se trata sólo de fotografiarse con celebridades, sean éstas mayores o menores: Javier Duarte tiene el tino, la sencillez, la estrategia y la ambición de hacerse retratos con la gente del pueblo.

En su rol de hombre de acción, barbado, con un chaleco rojo y un reloj de pulsera rojo (diría que diseñado por Swatch, pero al gobernador Duarte le gustan los dramatismos de la moda tipo Romain Jérome), una imagen abrazando a una niña y a una anciana, mientras lo rodean algunos pobladores de un municipio veracruzano caído en desgracia por causa de las lluvias y las inundaciones provocadas por el huracán Ingrid, es una imagen tan poderosa como una mentira llamada México.

En la cuenta de Twitter del gobernador (@Javier_Duarte), el último de sus tweets, emitido alrededor de las 13:00 horas del 11 de febrero del año presente, se lee: “Asistí al 3er Encuentro de Delegados Federales para reafirmar nuestra coordinación en beneficio de los veracruzanos”.

Más o menos a esa misma hora, se realizó un operativo policial en el estado de Veracruz que tenía por consigna rescatar al periodista mexicano Gregorio Jiménez, quien fue secuestrado el pasado miércoles 5 de febrero en Villa Allende, cercana a las orillas del Río Coatzacoalcos, en el municipio del mismo nombre.

Reportes que se contradecían señalaban que Jiménez había sido rescatado exitosamente o bien, que estaba muerto. Horas más tarde se supo que la segunda versión era la verdadera.

De acuerdo a las versiones emitidas por el gobierno de Duarte, el cadáver de Jiménez fue hallado en una fosa junto con los cuerpos de otras dos personas, en un sitio conocido como Las Choapas, a unos 55 kilómetros del sitio en el que fue secuestrado.

Javier Duarte asumió la gubernatura del estado de Veracruz el 1 de diciembre de 2010. Durante su gestión, tuvo lugar una masacre en la que 35 cadáveres fueron abandonados frente al edificio donde se realizaba el XI Encuentro Nacional de Presidentes de Tribunales Superiores de Justicia, y Procuradores y Fiscales Generales de Justicia de México. Duarte y su aparato gubernamental de seguridad, antes incluso de que los cuerpos se enfriaran y les tomaran huellas dactilares, ya habían determinado que se trataba de delincuentes asesinados por delincuentes.

Al día de hoy y desde el 1 de diciembre de 2010, diez periodistas han sido asesinados en el estado mexicano de Veracruz. A propósito de ello, Javier Duarte propuso al Congreso del estado la creación de la Comisión de Protección a Periodistas de Veracruz, un organismo que, con todas sus buenas intenciones, no ha impedido la muerte sistemática de periodistas en uno de los sitios que ha sido denominado “uno de los lugares más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo”.

La familia de Gregorio Jiménez llora su muerte en ausencia de un cadáver que aún no ve. Javier  Duarte, gobernador constitucional del estado de Veracruz, no está presente porque “Asistió al 3er Encuentro de Delegados Federales para reafirmar nuestra coordinación en beneficio de los veracruzanos”.

Una madre y unos hijos lloran al esposo y al padre muerto.

De eso no hay fotos en la cuenta de Twitter de Javier Duarte.

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