Las muertas de Juárez (el último peón)

Por ANDRÉS TAPIA

La tarde del 18 julio del año 2010, un hombre llamado Alejandro Castro Valles murió asesinado en un cruce de calles en la ciudad mexicana de Chihuahua, en el estado del mismo nombre. Su cuerpo se halló tendido de cara al sol, a un costado de una camioneta de color rojo quemado, y algunos reportes de prensa indican que con él viajaban su esposa y dos niños, acaso sus hijos. Tenía 45 años.

El asesinato de Castro Valles podría haber parecido un homicidio irresoluble e impune más dentro de un estado, un país, acostumbrado a ellos, de no ser porque ese hombre era, quizá, el último cabo suelto en torno el misterio que rodea a los feminicidios en Ciudad Juárez, México.

Durante la década de 1990, Castro Valles se desempeñó como Primer Comandante de la Policía Judicial de Chihuahua, hasta que en el año 2002 se vio inmiscuido en el homicidio de Mario Escobedo Anaya, un abogado que defendía a Gustavo González Meza, sospechoso confeso de haber asesinado al menos a 11 mujeres en Ciudad Juárez (decir sospechoso confeso no implica una contradicción: luego de declararse culpable, González Meza, un conductor de autobús, aseguró haber sido torturado para autoinculparse y algunas ong’s mexicanas concedieron crédito a su historia).

Sometido a una investigación, Castro Valles fue exonerado del asesinato del abogado por una juez que determinó que él y otros policías actuaron “en legítima defensa”. Luego de superar el juicio que lo inhabilitó como servidor público, Castro Valles fue contratado, en el año 2003, como subdirector de Seguridad y Protección Civil de la Secretaría de la Función Pública (SFP).

En ese momento el titular de la SFP era Francisco Molina Ruiz, otrora fiscal de justicia del estado de Chihuahua (1992-1996), cargo al que fue designado por el entonces gobernador Francisco Barrio Terrazas.

El nombre de Alejandro Castro Valles se halla ligado al de Antonio Navarrete (directivo de la policía municipal de Ciudad Juárez), Francisco Minjarez (Jefe del Grupo Especial Antisecuestros de la Procuraduría de Justicia del Estado de Chihuahua) y a un hombre llamado Carlos Medina que también trabajaba con éste último en la misma corporación.

Diversas versiones periodísticas y testimonios recogidos a lo largo de los años, señalan a Francisco Minjarez y Carlos Medina como los “principales operadores de las desapariciones forzadas en Ciudad Juárez” (Huesos en el desierto, Sergio González Rodríguez; Anagrama, 2003), a Castro Valles como involucrado con la Mafia de Ciudad Juárez, y a Antonio Navarrete como amigo y protector de un hombre que parece un fantasma: Alejandro Máynez.

Al escribir este nombre en el buscador Google, la primera referencia que aparece es la de Wikipedia. Una vez que se ingresa a ésta, se lee la siguiente descripción: Alejandro Máynez (n. década de 1970`s) es un asesino serial mexicano hasta la fecha prófugo. Supuestamente, junto con Ana Benavides y Melchor Máynez, asesinó a por lo menos 2 mujeres en Ciudad Juárez, pero su número de víctimas se cree asciende a 50. Él era un asesino organizado, sedentario, hedonista motivado por compulsión sexual y que mata en grupo.

Más allá de las inexactitudes intrínsecas al concurso global de millones de internautas en la elaboración de esta enciclopedia, lo poco que se sabe de Alejandro Máynez no es concluyente como para descalificar la descripción que ofrece el sitio fundado por Jimmy Wales.

Alejandro Máynez existió (existe) verdaderamente. Huérfano y acaso nacido en los Estados Unidos, fue adoptado por un hombre llamado Guillermo Máynez, quien era propietario de una serie de bares y centros nocturnos en Ciudad Juárez. Fue detenido como sospechoso por haber asesinado a una mujer en la ciudad de Chihuahua en 1992, y al poco tiempo liberado tras conseguir un amparo (un recurso similar al habeas corpus que se emplea en los Estados Unidos).

De acuerdo a los pocos testimonios que existen, Máynez, junto con un primo suyo llamado Melchor, habrían sido los responsables de un buen número de los homicidios perpetrados en contra de las mujeres de Ciudad Juárez, en los cuales no sólo habrían contado con la connivencia, aprobación y protección de la policía, los cárteles de la droga, empresarios influyentes y políticos, sino también con su participación.

El testimonio de dos ex policías, Ramiro Romero y Víctor Valenzuela, menciona que, en alguna ocasión, Alejandro y su primo Melchor los “invitaron” a violar y matar mujeres, y que ambos solían hacer alarde de una suerte de competencia para determinar quién de los dos, por separado, cometía más asesinatos.

Ramiro Romero fue asesinado en 1998; Víctor Valenzuela fue encarcelado por un asunto de drogas y tras cumplir su condena abandonó Ciudad Juárez en el año 2003; no se volvió a saber de él.

Un testimonio recogido por Diana Washington en Cosecha de Mujeres: safari en el desierto mexicano (Océano, 2006), refiere que entrevistó al padre adoptivo de Alejandro Máynez y, en algún momento, éste le dijo respecto a su hijo: “No quiero verlo, hablarle o saber nada de él”.

De acuerdo a Diana Washington, existen testimonios que aseguran que Alejandro Máynez fue asesinado en México, encarcelado en Los Ángeles, visto en el año 2001 en el funeral de un ex gobernador de Chihuahua, Teófilo Borunda, y su nombre mencionado en 2004, esta vez en relación con el asesinato de un sacerdote católico.

De Antonio Navarrete, señalado como amigo y protector de Máynez, no se sabe nada al día de hoy; tampoco de Carlos Medina. Francisco Minjarez, en cambio, fue asesinado en el otoño de 2003.

Mario Escobedo Salazar y su hijo Edgar Escobedo Anaya, padre y hermano de Mario Escobedo Anaya, el hombre al que Alejandro Castro Valles mató en el año 2002, corrieron su misma suerte al ser asesinados el 6 de enero de 2009.

Francisco Barrio Terrazas, gobernador de Chihuahua cuando iniciaron los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, el mismo hombre que declaró al iniciar las primeras investigaciones que se había detectado un patrón muy parecido: “…las muchachas se mueven en ciertos lugares, frecuentan a cierto tipo de gentes, y entran en una cierta confianza con… pues, con malvivientes, con gentes (sic) de bandas, que luego se convierten en sus agresores…”, fue nombrado Secretario de Contraloría y Desarrollo de México en el gobierno de Vicente Fox; después quiso ser candidato presidencial de su partido (2006), aceptó el cargo de embajador de México en Canadá y fue removido recientemente por Enrique Peña Nieto de ese puesto.

Francisco Molina, por su parte, dejo la fiscalía de Chihuahua en 2006 y fue nombrado Comisionado del Instituto Nacional del Combate a las Drogas, cargo que sólo desempeñó ocho meses. Después fue electo senador, nombrado Coordinador de Justicia y Seguridad del equipo de transición de Vicente Fox y, un poco más tarde, designado Oficial Mayor de la Secretaría de la Función Pública, oficina desde la que recontrató a Alejandro Castro Valles. En tiempo recientes, de 2009 a 2011, asumió el cargo de Subprocurador de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparo de la Procuraduría General de la República. Hoy, discretamente, ejerce de socio principal en el despacho de abogados Molrod Silber y Asociados S.C.

En el reporte que el gobierno federal presentó el año de 2006 en torno a los feminicidios de Ciudad Juárez, el nombre de Alejandro Máynez no aparece.

El 18 de febrero pasado, el cadáver de Lizeth Berenice Chavira Arenas, una niña de 13 años, apareció en la calle Hacienda Tres Hermanos de la ciudad de Chihuahua, no muy lejos de donde, hace cuatro años, Alejandro Castro Valles fue asesinado.

Al igual de que de todas las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, de su asesino no se sabe nada.

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