Mehran Keshe: el perdedor que apostó contra sí mismo (y ganó)

Por ANDRÉS TAPIA

El doctor Mehran Tavakoli Keshe, de acuerdo a la biografía que sobre él aparece en la página de Internet de la fundación que lleva su nombre, es un ingeniero nuclear especializado en sistemas de control de tecnología de reactores, graduado por el Queen Mary College de la Universidad de Londres. Keshe habría nacido en Irán en 1958 y es hijo de un ingeniero en Rayos X.

Hasta aquí no habría nada qué objetar, pero el siguiente párrafo de su biografía lo perfila como un personaje de uno de los peores episodios de la serie de televisión The X-Files: “Desde entonces, ha pasado los años desarrollando un sistema para la producción de gravedad y energía utilizando un reactor alimentado por hidrógeno que es limpio y seguro”.

A través de su fundación, Keshe comercializa productos tales como una pluma que reduce el dolor, un cojinete que crea un campo magnético-gravitacional capaz de penetrar hasta tres centímetros en el tejido humano en orden de reducir el dolor (con las contraindicaciones de no utilizarlo en la cabeza, en órganos internos, cuando se padecen infecciones, fiebre, se tienen heridas abiertas, durante el embarazo y la lactancia, y nunca sobre implantes metálicos o eléctricos), un sistema que reduce la fricción en vehículos alimentados por gasolina y un dispositivo que produce electricidad y es capaz de proveer la energía total que requiere una casa.

Dadas sus virtudes, cabría esperar que los productos del doctor Keshe fuesen costosos, pero no lo son tanto: sus precios abarcan desde los 25 hasta los 500 euros. Nada mal, por un ejemplo, para un aparato que hará quebrar a todas las empresas del Mundo, privadas o paraestatales, que se encargan de suministrar toda la energía eléctrica de la Tierra.

Los motivos de Keshe, empero, no son propiamente comerciales: lo que él verdaderamente desea es la paz del mundo y aliviar la escasez de agua, la hambruna, la carencia de energía eléctrica en las  regiones más pobres del planeta, el cambio climático y las epidemias… Y todo ello “a través del uso de reactores de plasma desarrollados ex profeso, que al mismo tiempo darán a la humanidad la libertad real de viajar al espacio profundo”. Es decir, y cito a Buzz Lightyear: “Al infinito y más allá”.

Llegado a este punto, he de decir que Keshe es tan adorable como Jimmy McGill, el protagonista de la serie Better Call Saul, al que también conocimos como Saul Goodman en Breaking Bad. Excéntricos e improbables ambos, poseen, sin embargo, el encanto natural de los perdedores: esa indecible forma de la tenacidad –sea honesta, corrupta o de algún modo retorcida– que al igual que Sísifo habrá de tropezar eternamente con el infortunio tan sólo para volver a intentarlo una vez más.

Dos son las características esenciales del perdedor: el romanticismo que per se existe en él, y la fortuita o premeditada manera de hacerse notar.

El doctor Mehran Tavakoli Keshe, cuya existencia en el buscador de Google devuelve 67,700 resultados –la mayoría de ellos cifrados en páginas de Internet de dudosa probidad (a la que ahora se suma con orgullo este blog)–, ni siquiera cuenta con el beneficio de la duda que ofrecería la Wikipedia en caso de existir su nombre en ella.

Sin embargo, y al igual que Jimmy McGill, Keshe es capaz de capear tormentas de la misma y prodigiosa manera en que lo haría el Capitán Ahab.

El pasado mes de octubre, Keshe publicó un video en el portal de YouTube en el que asegura que un terremoto de dimensiones inéditas habrá de dividir al continente americano en dos –situando la fractura en Panamá–, y causará la muerte de 40 millones de personas, hará desaparecer al Golfo de México y colapsar a la economía mundial. Dicho de otro modo: la Tercera Guerra Mundial sin bandos enfrentados, pero propiciada por Dios, la naturaleza o ambos.

El video de Keshe, que aún no recibe la bendición del millón de visitas pero se halla cerca, es una oda a la improvisación: el doctor, postrado frente a un pizarrón, dibuja con la pericia de un niño poco dotado un mapa incompleto de América (doctor Keshe, ¿ha escuchado usted hablar de Keynote o de Outlook?) en el que prefija, augura y profetiza una catástrofe apocalíptica que, a no dudarlo, la humanidad se merece, pero ciertamente no dirigida y mucho menos escrita por la mano de Roland Emmerich.

Una nota de esas que infortunadamente aparecen cada vez más en el time line de Facebook, me hizo descubrir la existencia de Mehran Tavakoli Keshe. Firmada por Sorcha Faal, provenía de un portal de Internet llamado Extranotix que haría morir de risa a Frohike, Byers y Langly, los aliados de Fox Mulder en The X-Files, quienes en la serie publicaban una revista repleta de teorías de la conspiración llamada The Lone Gunman.

El título era críptico y malo, pero seductor: “Rusia se prepara para algo catastrófico y advierte al Mundo”. De acuerdo a la nota de Faal, el presidente Vladimir Putin habría “autorizado la redistribución inmediata de las tropas en el Distrito Militar del Este (EMD), en preparación para lo que podría ser una serie de grandes terremotos y tsunamis que podrían golpear la Península de Kamchatka dentro de los próximos quince días, y advierte, además, que la región de Estados Unidos, Canadá, Alaska y el Océano Pacífico Noroccidental pueden estar en peligro aun más que Rusia”.

Delante de los catastróficos efectos de los terremotos que tuvieron lugar en días recientes en Japón y Ecuador, uno no podría mas que ceder a adjetivar como arribistas y oportunistas a Faal y Extranotix, quienes cebándose en la tragedia de varias centenas de muertos encontraron un caldo de cultivo para hacer crecer la “teoría” del doctor Keshe, un ingeniero nuclear metido subrepticiamente a geólogo y profeta.

Lo malo –y lo peor– es que un perdedor advenedizo como Mehran Tavakoli Keshe parece haber hallado un billete de lotería premiado mientras hurgaba por una hamburguesa podrida en la basura.

El Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés), amén de enfocarse en la biología, geografía, hidrología y geología de ese país, también controla al Centro Nacional de Información Sísmica (National Earthquake Information Center), cuyas oficinas centrales se localizan en la la ciudad de Golden, Colorado.

Por ello, en su página de Internet, ofrecen información acerca de los sismos o terremotos más significantes que acontecen en el mundo. Hasta hace tres días, el USGS registraba 40 movimientos telúricos en el Mundo, la mayoría de ellos acontecidos en las costas del Pacífico de América, desde Chile hasta Alaska, y en regiones de Asia y Oceanía que van desde Kamchatka hasta Nueva Guinea.

Contrastados los datos del año pasado en torno a la misma fecha, la región del Pacífico que separa y enfrenta Asia y América registra hoy 13 movimientos sísmicos más, incluidos los que golpearon a Japón y Ecuador en días recientes (http://earthquake.usgs.gov/earthquakes/browse/significant.php).

¿Tiene entonces razón Mehran Keshe o sólo es una estratagema, coincidencia, totalmente típica de la mente obtusa y retorcida de Jimmy McGill?

Cada vez que ocurre un terremoto, con el morbo sólo propio que sempiternamente ha aquejado a la humanidad, imaginamos el siguiente aunque con muchos más muertos. Pero incluso cediendo a esa absurda y estúpida debilidad, The Big One no ha llegado aún.

Paradójicamente, sin embargo, Roger Bilham, un reputado sismólogo de la Universidad de Colorado, declaró hace un par de días a propósito de los recientes terremotos que han tenido lugar en el Mundo: “Las condiciones actuales podrían dar lugar a por lo menos cuatro terremotos de intensidad mayor a la magnitud de 8.0 grados”.

Se tiene la creencia que la violencia de un terremoto está relacionada con la intensidad del mismo. Sí, pero no. La intensidad cuenta, pero no es el factor determinante. Lo que realmente incide es la duración del mismo.

En el reportaje “The Really Big One” (http://www.newyorker.com/magazine/2015/07/20/the-really-big-one)  auspiciado por la revista The New Yorker y hoy anunciado ganador del premio Pullitzer, la escritora Kathryn Schulz señala: “Un terremoto de 30 segundos generalmente tiene una magnitud cercana a los 7.5 grados; un terremoto de dos minutos raya en los 8.0 grados; y un terremoto de tres minutos se sitúa en los niveles más altos de la escala de 8. Pero cuando se trata de cuatro minutos, el terremoto ha superado los 9.0 grados”.

Mañana, pasado, dentro de un año o de cien, tendrá lugar un terremoto que cambiará al Mundo y a la humanidad. Ignoro si para bien o para mal. Sólo espero estar muerto para entonces.

Pero si ocurre mientras estoy vivo, entonces, contra mi pesar, tendré que pedirle perdón a Mehran Tavakoli Keshe.

Un perdedor que apostó todo contra sí mismo.

Y, al final, ganó.