El regreso de Adolf Hitler

Por ANDRÉS TAPIA

–Sí, la historia se repite, engañas a la gente con tu propaganda.

–Oh, Sawatzki, no lo entiendes. En 1933 la gente no fue engañada con propaganda: eligieron a un líder que describía abiertamente sus planes con toda claridad. El pueblo alemán me eligió.

El diálogo pertenece a la película Er ist wieder da (Ha vuelto, David Wnendt, 2015) y tiene lugar entre los dos personajes principales del filme: Fabian Sawatzki, un creativo de televisión frustrado con aspiraciones de director de cine, y Adolf Hitler.

El filme comienza con la imagen del Führer, tendido sobre sus espaldas en el sitio mismo en que se supone fue incinerado, abriendo los ojos e incorporándose a otro tiempo: casi 70 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Wnendt no ofrece explicación alguna: Hitler sólo aparece ahí, en un parque infantil, rodeado de edificios de apartamentos, a unas decenas de metros de la Puerta de Brandeburgo.

Se trata de una superchería, de una idea absurda y chocante que es difícil tomar en serio: Adolf Hitler resucita en el mismo lugar en que se supone murió. Han pasado siete décadas y el Mundo ha cambiado radicalmente. Pero él no.

La trama de la película satírica de David Wnendt, una adaptación de la novela del mismo nombre de Timur Vernes (Eichborn Verlag, 2012), pretendería ridiculizar la figura del dictador alemán cuyo gobierno desencadenó la Segunda Guerra Mundial y fue responsable del Holocausto.

En un principio es así.

Hitler, sucio y maloliente, es aconsejado lleve su ropa a la lavandería: su abrigo y uniforme del Tercer Reich. Así lo hace, pero al retirarse la ropa interior, es rechazado en un primer local y más tarde aceptado en un segundo del que sale vistiendo vaqueros azules y un suéter polo amarillo de Ralph Lauren. El képi, empero, lo conserva.

No es lo único. El hombre que conquistó a más de la mitad de Europa se muestra atónita pero inexpresivamente maravillado cuando descubre la Internet y escribe en el buscador de Google “Supremacía mundial”. Una búsqueda lo conduce a otra hasta llegar a la Wikipedia, cuyo nombre lo remite al ingenio ario: “Pedia como enciclopedia; Wiki como la sangre exploradora de los vikingos”. Conmovido, Hitler deja escapar una lágrima.

El humor de Vernes y Wnendt, egregio y negro, alcanza incluso a los iletrados. No hay forma de no reír ante un Hitler inculto y desfasado que, sin embargo, conserva intactas sus dotes de líder, su curiosidad y su soberbia.

Hay bromas que no se quieren escuchar. Y las bromas que tienen como sujeto directo –o indirecto– a Adolf Hitler califican en primer plano. La prosa de Vernes y la adaptación cinematográfica de Wnendt, sin embargo, enganchan al lector-espectador como si fueran los chistes que pronuncia un forastero encantador que se apersona la más aburrida de las noches en la taberna del pueblo. Su gracia y su genialidad, empero, recaen en la circunstancia de estar burlándose en sus narices –sin que ellos lo noten– de sus modos y costumbres.

Justo a la mitad de Er ist wieder da, la parte más insulsa y tonta de la película, uno cae en la cuenta de que se está divirtiendo, si bien por las razones equivocadas. Cuando Adolf Hitler aparece en un estudio de televisión, mientras de fondo se escucha “La Cabalgata de las Valkirias”, el forastero encantador que con su labia y encanto ha alterado la rutina de un pueblo rutinario y costumbrista, se convierte en lo que siempre ha sido.

La imaginación de Timur Vernes concibió a Hitler resucitando en el Siglo XXI. La de David Wnendt lo llevó a hacerlo interactuar, en escenas improvisadas, sin guion de por medio, con la gente común. Adolf Hitler se toma selfies en la Pariser Platz, en la explanada del Reichstag, en Alexander Platz, con el pueblo alemán. Pero una parte del pueblo alemán, no se da cuenta de la farsa y comienza a hablar con Adolf Hitler como si éste nunca hubiese muerto, como si estuviera vivo, y le ofrece los reclamos de los últimos tiempos –la apertura de la frontera a los migrantes autorizada por Angela Merkel, la superioridad cultural de los alemanes en relación a otras culturas, así como su soberbia mitológica y endémica cuyos cromosomas permanecieron aletargados durante siete décadas– como si la era de Internet no hubiese ocurrido jamás.

–Eres un monstruo –dice Sawatzki a Hitler hacia el final de la película.

–¿Lo soy? Entonces usted debe condenar a quienes eligen este monstruo. ¿Todos eran monstruos? No, eran gente normal que eligieron a un hombre extraordinario y le encomendaron la suerte del país.

Las líneas de Hitler son absurdas, pero en el fondo tienen sentido.

La sátira-ficción creada por Vernes y Wnendt, coincide en el tiempo y la historia con la elección de Donald Trump como el 45º presidente de los Estados Unidos de América. Al igual que Hitler, Trump fue elegido mediante un ejercicio democrático genuino, si bien no exento de irregularidades. El ataque informático perpetrado por Rusia en contra del Comité Nacional del Partido Demócrata con la intención de socavar la candidatura de Hillary Clinton, equivale al incendio del Reichstag que benefició a Hitler, al Partido Nacional Socialista y potenció la cacería de brujas de comunistas y socialistas, amén de insuflar en el electorado alemán el temor de una guerra civil.

En la parte final de Er ist wieder da, cuando tras la publicación de su segundo libro (un diario en el que narra su regreso) Adolf Hitler se convierte en una estrella mediática al estilo de The Apprentice, la realidad se convierte en un delirio cercano a la fantasía (¿o es la fantasía la que se trastoca en realidad?): una parte de los simpatizantes del Führer están convencidos que se trata de un actor, de alguien que encarna un personaje, por lo que su discurso no es más que una parodia certera y aguda de la realidad; otra, sin embargo, encuentra en él un catalizador a sentimientos y problemáticas que si bien nunca se extinguieron, parecían mínimos y fútiles.

En uno y otro caso, el experimento de Wnendt de improvisar escenas callejeras con su falso Hitler para tomarle el pulso al alemán de a pie, sobrecoge y aterra. Tanto como el hecho de que en los Estados Unidos fue elegido un hombre con un alarmante discurso xenófobo, antiinmigrante, misógino, nacionalista y pendenciero.

En sentido estricto, el Adolf Hitler de Vernes es una recreación hiperrealista de un personaje histórico al que Wnendt hizo interactuar con gente común, casi de la misma manera en que un rockstar es conducido a una firma de autógrafos o una convivencia con sus fans. Donald Trump, en cambio, es un hombre desagradable y monstruoso, con el que, infortunadamente, hemos coincidido en el espacio, en el tiempo y en la historia.

Cuando corren los créditos de Er ist wieder da, en una sucesión de secuencias en las que alternativamente se mira a Hitler recorrer Berlín en un automóvil descubierto, así como manifestaciones, mítines, disturbios, agresiones y protestas en toda Europa protagonizadas por la derecha y la ultraderecha, la voz en off del Führer dice:

Todo tiene un significado más profundo. La situación es grandiosa para mí en Alemania, Europa y el Mundo. Tengo material para trabajar.

Por fortuna para nosotros, Adolf Hitler no ha vuelto y no volverá.

Por desgracia, Donald Trump está vivo y es hoy el presidente de los Estados Unidos.

Que Dios, si aún sigue vivo, bendiga a la Tierra.

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