Deutschland, will dich lieben und verdammen

Por ANDRÉS TAPIA

No debe ser fácil vivir en un país en el que tus abuelos asesinaron a seis millones de personas. Pero si no fueron tus abuelos, entonces tuvieron que haber sido los hermanos de tus abuelos. Y si tampoco fueron los hermanos de tus abuelos, entonces fueron los amigos de tus abuelos y sus hermanos. En todo caso alguien de tu familia cercana, o cercano a tu familia, fue partícipe de uno de los horrores más terribles que haya conocido el mundo. El único requisito para que eso ocurra es que hayas nacido en Alemania un poco antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

A casi 75 años del final del conflicto bélico que más muertes ha causado en la historia de la humanidad, más de uno querría dar vuelta a la página y echarle un vistazo al presente y al futuro, o acaso, simplemente, dejar de mirar el pasado y atender los problemas que enfrenta el mundo el día de hoy y que, llegado el momento, podrían devenir en un conflicto tanto o más mortífero.

El video de la canción “Deutschland”, compuesta por el grupo alemán Rammstein, marcha en sentido contrario y no sólo regresa en el tiempo 74 años atrás, sino que se aventura en los orígenes mismos de una nación (el siglo I D.C.) cuya historia está llena de tantos claroscuros, que condenarla o absolverla no sería un acto afín a un juez o un jurado, sino acaso a un dios. Infortunadamente, si algo probó el Holocausto es que Dios no existe.

 

“Deutschland”, una pieza y un video provocadores que continúan con la línea que ha mantenido desde sus orígenes la banda formada por seis ciudadanos de la otrora República Democrática Alemana apenas un lustro después de la caída del Muro de Berlín, debería haber provocado un amplio y profundo debate a nivel mundial, pero no en torno a si hace apología del nazismo, a si recurre a tácticas abyectas de marketing que hacen uso del horror para comercializar un disco, o a si Rammstein sublima su currículum con una dosis exagerada de sangre, mutilaciones, sexo, canibalismo y violencia gráfica. No, nada de eso. El debate tendría que centrarse en la pertinencia, o no, de un mea culpa en tiempos tan cínicos como los actuales, en la libertad del arte para abordar los asuntos más controversiales y en la existencia del debate mismo.

Es sólo que no hay debate.

Estos días la agenda mundial está repleta de los desvaríos y las amenazas que profiere todos los días, en su cuenta de TwitterDonald Trump, un individuo que en las formas y en los modos mucho se parece a Adolf Hitler, si bien su enemigo no es el pueblo judío sino otros pueblos.

Está repleta de los asuntos relacionados con la tecnología, de la ambiciosa idea de conectar a través de dispositivos móviles a toda la población mundial y permitirle, con ello, no sólo posibilidad de acceder a todos los seres humanos del mundo, sino también a ser observada por tan sólo unos cuantos.

Y está repleta de instantaneidad, de indiferencia, de una prisa insoportable e ingobernable que impide que la gente dedique diez minutos de su tiempo a mirar el video “Deutschland”, de Rammstein, tan sólo para hacerse una idea de cuánto ha cambiado el mundo… o no.

“Deutschland” es la historia de Alemania comprimida en nueve minutos y veintitres segundos, si tal cosa es posible. Inicia en los primeros años del siglo I D.C. con lo que parece la emboscada de Armin, Arminio o Hermann, a las tres legiones romanas comandadas por el general Publius Quinctilius Varus en el Bosque de Teutoburg.

Mientras los legionarios avanzan por un lóbrego bosque lleno de lobos, se ve a una mujer de raza negra cortarle la cabeza a un soldado romano que no es otro más que Till Lindemann, el vocalista de Rammstein, personificando a Varus. La mujer no existe en la historia, es una licencia poética, un elemento brechtiano introducido con la intención de provocar a los ultraderechistas y neonazis que viven en Alemania y otros países. Para enfurecerlos aun más, la mujer se llama Germania y es una actriz y modelo alemana nacida en Berlín llamada Ruby Commey.

Germania, la reina Germania, es el ostinato visual del video “Deutschland” y representa el orgullo, la historia, la violencia, la muerte, las contradicciones de una nación que puso el pie en el cuello de otras naciones y, llegado el momento, fue sometida por ellas. Germania es, también, la madre orgullosa, castrante, fría y violenta que carece de escrúpulos. Pero hay un punto en el que Germania se transforma en víctima y es sumisa, frágil, inválida y acaso hipócrita, tanto que, al final del video, ataviada con los ropajes de la realeza, se la mira llorando quién sabe qué cosa.

Desde su fundación, el drama es parte del discurso audiovisual de Rammstein. Pero no podría ser de otra manera: el drama, al punto y más allá de los confines de la tragedia, también ha sido parte de la historia de Alemania. Alternativamente, los integrantes de Rammstein aparecen personificados como oficiales de las SS, prisioneros judíos, oficiales del gobierno de la RDA, soldados de las hordas de Carlomagno, ciudadanos sometidos a las torturas de la Gestapo y monjes inquisidores que celebran un festín caníbal en que la víctima no es otra más que Germania.

La edición del video, dirigido por Specter Berlin, es la coreografía macabra de un desfile en el que se revisitan los episodios más oscuros de la historia alemana: desde la citada batalla de Teutoburg, la tragedia del dirigible Hindenburg, la ocupación soviética de una parte de Alemania, los actos terroristas de la Rote Armee Fraktion en la década de 1970 y la ficticia recreación de un parto en el que Germania da a luz a un perro, así como la llegada de un grupo de exploradores espaciales que indagan en las ruinas de lo que parece otrora fue un imperio.

Una orgía inmemorial, ni más ni menos, en la que sólo uno de las decenas de personajes que aparecen sonríe. Y sonríe repetidamente al amparo de cada conquista perpetrada, de cada gota de sangre vertida, de la palabra que da nombre a la canción: “Deutschland”. Ese personaje no es otro más que Germania, la reina negra, cuya mayor posesión, su más grande trofeo, es la cabeza de Publius Quinctilius Varus.

Hace muchos años, más de los que pueden recordarse, pero no tantos como para no contarlos, el mundo perdió el camino y se precipitó en una odisea suicida que para bien y para mal aún no concluye. Se podrán decir y debatir muchas cosas –ojalá hubiese tiempo, espacio y respeto para ello–, pero el video de Rammstein es una remembranza, a un mismo tiempo sublime y macabra, de aquella máxima que carece de autor: “Aquel que no aprenda de la historia, está condenado a repetirla”.

“Deutschland” es un poema visual acerca del horror, de las contradicciones inherentes a la condición humana, que por razones indefinibles no halla sincronicidad en el tiempo que ocurre, uno terriblemente difícil y extraño. Cito a un poeta catalán: “…casi un beso del infierno”.

Pero un beso al fin.

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