Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: AP

Un ex gobernador del estado mexicano de Monterrey, hoy caído en desgracia (su nombre es Rodrigo Medina), durante una comida que sostuve con él alguna vez, jactándose de su cercanía con Enrique Peña Nieto, dejó entrever que éste, tras ser elegido presidente de México, le habría dicho que más allá de las bondades de la amistad, en adelante la relación entre ambos tendría que ser formal y apegada a los protocolos de la política, el respeto y (esto no lo dijo) la disciplina tiránica y sempiterna del Partido Revolucionario Institucional. Es decir: “señor presidente” y “señor gobernador”.

Por ANDRÉS TAPIA

Más de una vez, el periodista mexicano Carlos Puig ha asegurado que hay ocasiones en que las columnas se escriben solas.

Es martes, 29 de marzo, y en la Ciudad de México pasan de las 14:00 horas. La temperatura raya en los 27 grados Celsius. No soy feliz, pero hoy me siento feliz, y quizá por ello suelto en silencio una carcajada cuando me entero, a través del periódico Reforma de la Ciudad de México, que un hombre llamado Alexander Caviel –británico, 21 años, de profesión asesor financiero y oriundo de Chelmsford, Essex– se fue de juerga, bebió una docena de shots de un coctel llamado Jagerbombs –más unos cuantos tragos de champagne y Amaretto Disaronno– y terminó su borrachera a 1448 kilómetros de donde la inició: ¡en Barcelona, España, sin haber tenido conciencia de cómo llegó ahí!

Por ANDRÉS TAPIA

Todo termina con mi risa.

Sé que dirás que es una risa desorbitada e imperfecta, de dientes amarillentos y comisuras ensangrentadas, sarcástica y mentirosa como el pasado, demente e insólita como el presente. Pero detrás de mis labios aun más imperfectos –en mi realidad siempre cerrados y en tu imaginación abiertos– la sorna, la afrenta y la infamia desfilan salivando gloriosas como… como… –¿qué animal se ríe antes de acometer a sus presas, Bats?– …ah, sí, ¡como hienas hambrientas!

Por ANDRÉS TAPIA

“La mañana del tercer día era fresca y serena. Una vez más, el solitario vigía de la noche fue reemplazado en el trinquete por una multitud de vigías diurnos que puntearon cada mástil, cada verga.

––¿La ven? ––gritó Ahab.

Pero la ballena aún era invisible.

––No tienen más que seguir su estela. Es infalible. Y eso es todo. ¡Eh, timonel, en rumbo! ¡Siempre el mismo! (…)”.

Moby Dick o La Ballena Blanca (La caza. Tercer día)

Por ANDRÉS TAPIA / Foto:  JUAN CARLOS RODRÍGUEZ para Milenio

En una entrevista concedida al diario The Times, Thomas Harris, autor de la novela El silencio de los corderos, asegura haberse inspirado en un “médico” mexicano para la creación de su personaje Hannibal Lecter, quizá el asesino serial de ficción más venerado y popular de toda la historia.