La fuga del Joker (la noche de la caída del Murciélago)

Por ANDRÉS TAPIA

Todo termina con mi risa.

Sé que dirás que es una risa desorbitada e imperfecta, de dientes amarillentos y comisuras ensangrentadas, sarcástica y mentirosa como el pasado, demente e insólita como el presente. Pero detrás de mis labios aun más imperfectos –en mi realidad siempre cerrados y en tu imaginación abiertos– la sorna, la afrenta y la infamia desfilan salivando gloriosas como… como… –¿qué animal se ríe antes de acometer a sus presas, Bats?– …ah, sí, ¡como hienas hambrientas!

Esta noche eres el Caballerito de Gotham, sé que lo eres, al menos por esta noche. ¡Y me encanta! Pero relaja tu traserito, te va a hacer falta, porque lo que ignoras es que será la última, que cuando amanezca todo habrá terminado para ti, para todos, y comenzado para otro, para alguien más… ¡para miiiiiiiii! Y será un amanecer tan oscuro para ustedes, que en la dialéctica absurda de su idiosincrasia tendrán que aceptar –empezando por ti, Batsie– que la única noche que existe soy yo… Y, sin embargo, resplandezco, ¡ja!

Pero, venga ya, dejémonos de bromas… Bueno, no, olvídalo, porque entonces yo dejaría de ser yo y no quiero dejar de ser yo, es decir… ¡el tipo más adorable que ha producido esta sociedad tan pútrida! ¿No es genial? Vamos, no frunzas el entrecejo, ¡no te ves guapo! Es lo que es y lo que ha sido siempre: esta desigual correlación de fuerzas entre el bien y el mal, entre tú y yo, entre lo prudente y lo correcto, entre la decencia y la casi decencia, es decir, Bats, entre lo que debe ser y ese maravilloso pretexto que eligieron para justificar su indecencia: “¿Qué tanto es tantito?”.

¿Qué tanto es tantito? ¡Wow! Ni yo, con todo mi genio, hubiese podido acuñar una frase tan maleable, tan dúctil, tan sarcástica y tan estúpida: “¿Qué tanto es tantito?”. Y mira que no por ser estúpida deja de ser cierta, al menos no para la sociedad que nos engendró a ti, a mí y a todos estos que alguna vez te aclamaron, ayer te olvidaron y hoy me prodigan a mí una ovación de pie: ¡Gracias, Gotham; gracias, México!

¿Dije México? Huy, huy, huy… ¿qué me pasa? Yo soy un personaje de ficción y tú eres un personaje de hiperficción… Nos debemos a un cómic, a una historia eterna en la que tú me persigues siempre y yo siempre me escapo… ¡Batsie, es genial!, juro que lo acabo de inventar: ¡Yo soy el Correcaminos y tú eres Wile E Coyote! Y mira que con esas orejas puntiguadas te pareces tanto… ¡Ingrato, atrévete a decir que no me amas! ¡Oh!, está bien, sé que me odias… ¡pero te aseguro que un día ganaré tu cariño!

¡Dios, eres tan difícil! Me desvivo por hacerte reir y tú me ignoras con ese desdén tan oscuramente tuyo. Pero, ¿sabes?, que te hagas el duro me fascina… aunque debo confesar que no siempre. Brutalizado por ese televisor y por la recreación de tus ¿propias? “hazañas” luces tan patético que no pareces muy diferente de aquellos que criticas y defiendes. Piénsalo un poco mientras te sirves ese whisky y yo voy a tu baño a orinar fuera del retrete…

¡Hey!, Bat, Bats, Batsie… ¡Batman! Deja ya el control del Playstation y atiende tu teléfono, tienes un mensaje… ¡Qué calamidad contigo! Nunca pones atención a lo verdaderamente importante. Es un mensaje de Joel Aguirre, quiero decir, Lucius Fox, que dice llanamente: “No me crea, señor, pero parece que el Joker se ha fugado del Asilo Arkham”.

¿Al fin tengo tu atención, Batsie?

Quizá necesites un poco más.

El presidente y todo su séquito están volando a Francia y harán una escala en Canadá. Tú estás apoltronado en ese sillón bebiendo whisky y yo hace un rato estaba a punto de darme de un baño… pero no me lo di. Lo que en realidad hice fue fingir que me daba un baño para escapar por un maravilloso túnel, a través de una maravillosa trama, que la Warner Bros, DC Comics, los estudios Rocksteady y la historia de México no serán capaces de construir ni imaginar en un millón de años. ¡En un millón de años! ¿Qué tanto es tantito, Bats?

¡Y no te burles! ¡Estoy lleno de mierda! Mi mierda, tu mierda, la mierda de los otros y de todos los demás. ¡Pero soy libre, Batman! Lleno de mierda y todo, ¡soy libre!

Y tú y tus amigos, y tu presidente y sus ministros, y los otros villanos y los santos, y los santurrones y los imbéciles, y la comunidad mundial (y su indignación mundial), ahora son abiertamente libres –pero nunca dignamente libres– de decir lo que quieran.

Que si me ayudó el gobierno… Pues sí, seguramente, no hay nada en este país de mierda que yo no pueda comprar, sea a partir de amenazas o de dinero. Que si lo hice solo y el gobierno fue incapaz de darse cuenta de mis intenciones, pues sí: puedo hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera y los imbéciles del “¿qué tanto es tantito?” –el estado y la sociedad civil– no van a darse cuenta jamás. Que si es una broma macabra, sin duda, la más grande y acabada, la más bendita e insuperable.

¿Tengo ya al fin tu atención, Batsie, o tengo que insistir un poco más para convencerte y convencer a la gente que te rodea (como a esa patética amiga tuya que abomina la ficción y la fantasía y que incluso supone que la ficción y la fantasía son tan abominables como la realidad)?

Si ya la tengo, y supongo que sí, ponte de pie, deja tu sillón, tu whisky y abandona ese videojuego de mierda, Arkham Knight, en el que me persigues todo el tiempo y te venzo la mayor parte del tiempo, sólo para que al final, por un capricho absurdo de la bondad del Mundo, acabes derrotándome, como siempre, como eternamente… Pero esta vez no.

Ahora mismo, mientras imaginas y escribes esto, Andrés, me estoy sirviendo un whisky. Y voy a beberlo con mucha más fruicción de la que tú lo haces con tus amigos. Y tan sólo lo haré porque la broma más macabra que ha tenido lugar en mi vida no la he perpetrado yo.

Ayer, mientras empezabas a escribir tu diatriba en contra mía, Batsie, en el portal de Internet del periódico Milenio, se exhibió el video en el que me escapo del Asilo Arkham (¿o es el Centro de Readaptación Social No. 1 “El Altiplano”?). Antes de contemplar mi hazaña –oh, sí, aunque te cueste, por supuesto lo es– se exhibía un anuncio comercial del Banco Nacional de México (Banamex), en el que un niño se ducha en una bañera y repentinamente y sin razón dice: “Ahora lo ves, ahora no lo ves”.

Bat, Bats, Batsie, Batman… Ahora me ves, ahora no me ves…

Pero no te culpes, no es tu culpa, al menos no esta vez. Tú sólo eres el Caballerito de Gotham y puedes justificarte, sin duda, con esa invención genial y estúpida de tu gente: “¿Qué tanto es tantito?”.

Y no quiero decir te lo dije, Batsie, pero ¡te lo dije!: “Todo termina con mi risa”.

Jajajajajajajajajajajajajajaja…

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