Islandia vs. México

Por ANDRÉS TAPIA

La primavera del año 2001, atraído por los paisajes mostrados en un video de la cantante Björk, viajé a Islandia. “El secreto mejor guardado de Europa”, lema con el que Icelandair promovía al país, tenía entonces poco menos de 300,000 habitantes; a 13 años de distancia, su población raya en los 325,000.

En extensión, Islandia (103,001 km2) es más grande que Irlanda (84,421 km2), y algo menos de la mitad de Gran Bretaña (229,448 km2). Sin embargo, los cerca de 6.4 millones de habitantes de Irlanda, y los aproximadamente 61 millones de Gran Bretaña, hacen de Islandia, comparativamente, un suburbio populoso de la primera y algo mayor a una aldea de la segunda. En cualquier caso, al igual que sus vecinas, Islandia es una isla… acaso un poco más solitaria, triste y alejada.

La mirada de los islandeses es melancólica, y tiene que serlo: no ocupan la azotea del mundo, pero sí su buhardilla. ¿Quién en su sano juicio subiría al penúltimo piso del edificio a conversar con un vecino amable que no habla, que bebe mucho, que sonríe de vez en cuando y en cuyo apartamento hace mucho frío –aparte, claro está, de fanáticos irredentos de Björk y escritores majaretas?

El año que visité Islandia se cometió en la isla un solo homicidio… ojalá me explique. Quiero decir que entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2001, sólo una persona fue asesinada. En tanto –y de acuerdo al “Global Study On Homicide 2013” del Departamento de Crimen y Drogas de la Organización de las Naciones Unidas (UNODC por sus siglas en inglés)– entre los años 2000 y 2012 se cometieron en Islandia tantos como 25 homicidios (al presente día, contando 2013 y 2014, son 26 homicidios); consecuentemente, todas las víctimas tienen un nombre, un apellido, un sepulcro y unos dolientes que les llevan flores a su tumba año con año.

Y no sólo eso. Se sabe que 21 de los asesinatos fueron cometidos por hombres y sólo cinco por mujeres. Que 17 de las víctimas fueron hombres y las restantes nueve, mujeres. Que en nueve casos la víctima conocía o era amiga de su victimario. Que en siete casos las víctimas y sus victimarios no se conocían, o al menos no muy bien, pues entraron en contacto pocas horas antes del crimen. Que en cinco de los casos el asesino era el esposo (a) de la víctima, o lo había sido antes. Y que en cuatro de ellos había un parentesco entre víctima y homicida.

Veintiseis homicidios (asesinatos) en 14 años. Veintiseis. Eso es apenas un poco más de la cuarta parte de los homicidios que se han cometido diariamente en México durante el presente año (99.41 por día), de acuerdo al “Informe de Víctimas de Homicidio, Secuestro y Extorsión 2014”, elaborado por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) de México (http://www.secretariadoejecutivosnsp.gob.mx/work/models/SecretariadoEjecutivo/Resource/1406/1/images/Publicacion_victimas_102014(1).pdf).

El total del informe es de 30,222 al 31 de octubre de 2014, considerando 14,558 casos premeditados (en México le llaman dolosos) y 15,664 no premeditados (en México le llaman culposos). Por supuesto, no incluye a los 43 estudiantes que desaparecieron en la ciudad de Iguala, en el estado de Guerrero, la noche del 26 de septiembre pasado, amén de los muchos otros que han muerto en todo el país y cuya desaparición no fue denunciada por sus familiares (por miedo), no fue atendida por las autoridades locales (por complicidad con los asesinos) y fue ignorada por las autoridades federales (por indiferencia, ineptitud, complicidad… o todas las anteriores).

En los mismos 14 años en que en Islandia (del 2000 al 2014) se han perpetrado 26 homicidios, en México –de acuerdo a cifras oficiales (en México una cifra oficial reconoce mucho menos de la verdad)– se han cometido cerca de 248,000 homicidios, culposos o dolosos (¡vaya folklore!), la mayoría de los cuales han sido perpetrados por el crimen organizado y los cárteles del narcotráfico, en connivencia, indiferencia, ineptitud o corrupción del estado mexicano… sea amarillo, azul o “verdiblancorrojo” el color de los políticos responsables u omisos.

¡Wow! 248,000. Eso equivaldría, si extrapoláramos las cifras en un obtuso, abstruso y perverso ejercicio de la imaginación, a dejar a Islandia con tan sólo 75,000 habitantes, los cuales –siendo más obtuso, abstruso y perverso– no llenarían el Estadio Azteca de la Ciudad de México.

Pero los 248,000 (más los que no se han contado ni registrado) siguen siendo pocos. No lo digo refieriéndome al Estado, a los partidos políticos, a la sociedad en su conjunto, o a esta anomalía universal llamada México. Lo digo por todos. Por los inocentes y los culpables, por los libres y por los esclavos, por los miserables y los inexistentes, justos o no de corazón.

Eligieron los mexicanos –y repito eligieron y aunque yo soy mexicano no me cuenten entre ustedes: yo no voto por ningún político ni por ningún partido desde el año 1994– a un individuo que no puede citar tres libros de memoria; que en una conferencia de prensa con Barack Obama en Palacio Nacional, en la Ciudad de México, fue incapaz de pronunciar una oración simple: sujeto, verbo y predicado; un ahijado político de un ladrón, secuestrador y, quizá, asesino, ex gobernador de un estado en el que se asesinan mujeres cuyos asesinatos no engrosan la lista de los 248,000… eso iría, por supuesto, en contra del “Señor Presidente”.

En Islandia hace mucho frío. El sol aparece en el año, con un poco de suerte –con mucha suerte–, unos 40, 45 días. El viento te reta, te disminuye, te transporta y arrastra como si fueras basura. Y luego las mujeres no te sonríen. Y los hombres beben y se miran en los espejos de los bares mientras te ignoran.

Pero Islandia es un país genial. Con noches largas y días cortos. Vas de la casa al trabajo y regresas. Y lees, tocas la guitarra, escribes un libro. Y te emborrachas de vez en cuando. O quizá todos los días. El punto es que ni siquiera siendo alcohólico te dan ganas de matar. Y cuando matas, o te matan, eres un puto accidente o incidente en la historia. Y si matas o te matan todo el mundo te recordará, para bien o para mal, por una u otra cosa.

En México, en cambio, mates o te maten, terminarás siendo nada.

Que te lo cuenten los 248,000 oficiales de México.

Que triste e injustamente no son todos…