Por ANDRÉS TAPIA

Tomé un tren en la estación Zoologischer Garten de Berlín. Era la tarde casi fría del 23 de septiembre del año 2003. Con más de 18 millones de votos, Gerhard Schröder, el abanderado del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), había sido reelegido nuevamente Bundeskanzler de Alemania. Dieciocho millones de votos eran demasiados, pero no habrían sido nada sin la ayuda de un partido incipiente, en apariencia insípido, pero contundentemente disruptor: Die Grünen (Los Verdes).

El Nachtzug (tren nocturno) arribó a la estación y lo abordé con sentimientos encontrados: Yolanda Yebra, entonces mi editora en el periódico Reforma de la Ciudad de México, me había escrito un e-mail horas antes: “Y ahora quiero un texto sobre el día después”. Hasta ese momento, mi cobertura sobre las elecciones federales del año 2002 había rayado en la perfección… hasta ese momento. No tenía un texto, tampoco la previsión de hacerlo: ni por mí, ni por ella, ni por el diario. Tú te habías presentado, la noche anterior, en la Max-Schmeling-Halle de Berlín, y yo había renunciado a verte en la consciencia de que la elección sería muy cerrada y que habría de decidirse a horas muy tempranas de la madrugada del día siguiente.

Por ANDRÉS TAPIA // Foto: GETTY IMAGES

El año 2007 fue el último del calendario gregoriano en que el homo sapiens se mantuvo erguido. A contracorriente de la tecnología, que ese año alcanzó uno de los puntos climáticos en la era de Internet, los seres humanos comenzamos a perder la capacidad de contemplar al mundo desde nuestra propia óptica.

Ha pasado tan sólo una década, pero la sensación que se percibe es que se trata de un siglo. Ese año Bulgaria y Rumania ingresaron a la Unión Europea, Eslovenia pasó a formar parte de la llamada Zona Euro, un impoluto Luiz Inácio Lula da Silva tomó posesión de la presidencia de Brasil, mientras que Hugo Chávez dio comienzo a su tercer periodo al frente del gobierno de Venezuela.

El de aquel año era un mundo diametralmente distinto al que conocemos hoy: ingenuo, improbable, absurdo y hasta feliz. Entonces Corea del Norte anunció su intención de poner punto final a su programa nuclear a cambio de combustible y financiamiento económico; la carrera de Britney Spears, agotada de escándalo en escándalo, parecía estar acabada cuando decidió raparse; la selección de fútbol de los Estados Unidos se alzó victoriosa con la Copa Oro y, después de diez años de ausencia, el grupo argentino Soda Stereo anunció su regreso a los escenarios con la gira “Me verás volver”.

Por ANDRÉS TAPIA / Ilustración: PROCEDENTE DE PrairieBeauty.com

Una tarde de mediados de la década de 1970, mientras aguardaba en la sala de espera de un hospital, un hombre –quizá un anciano– tomó asiento frente a mí. No puedo recordar quién estaba conmigo: si mi madre, si mi padre, si yo estaba enfermo, o quién. Me recuerdo, en cambio, solo frente a aquel hombre mayor que llevaba puesto un sombrero, que tenía las manos rudas de un campesino, y que cargaba consigo una bolsa de malla que en el México de aquel tiempo se utilizaba para hacer las compras en los mercados populares.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: FERNANDO ACEVES

Look up here, man, I’m in danger

I’ve got nothing left to lose

I’m so high it makes my brain whirl

Dropped my cell phone down below

Ain’t that just like me?

Lazarus

Uno de los primeros días del mes de enero del año 2000, un teléfono sonó en la redacción del periódico Reforma de la Ciudad de México. Apenas escuchar el timbre, Carlos Meraz y yo nos sobresaltamos. Descolgué, encendí el altavoz, dije “Hello!” y, acto seguido, una voz de inconfundible acento londinense y coloratura de barítono, exclamó: “Soy David Bowie, chicos. ¿Cómo están?”.

Por ANDRÉS TAPIA

El año de 1981, en una conferencia de prensa en Viena que ofreció Sony Electronics para anunciar la creación del prototipo del CD, el director de orquesta austriaco, Herbert von Karajan, estuvo presente en la misma. Ocurrió así porque Karajan estaba convencido de las bondades de este nuevo formato de grabación, que en un principio podía almacenar hasta 60 minutos de música continua, lo cual permitía escuchar sinfonías completas sin tener que interrumpir la obra para dar vuelta al disco como ocurría con los vinilos.

Por ANDRÉS TAPIA

Una tarde de primavera de hace cinco años, mientras vacacionaba en Londres, me dirigí a Covent Garden con la intención de tomar fotografías de los edificios circundantes. La cámara que llevaba conmigo contaba con un visor especial que podía plegarse horizontalmente, haciendo posible de ese modo tomar fotografías sin colocarse el visor a la altura de los ojos. Este dispositivo permite a su portador, llegado el caso, tomar fotografías sin que un objetivo se percate de ello.

Por ANDRÉS TAPIA

La memoria no sólo es una “facultad psíquica por medio de la cual se recuerda y se retiene el pasado” (RAE dixit), es también el conjunto de archivos, información, imágenes u objetos que los seres humanos suelen guardar para retener al pasado. Es una fotografía, una escultura, una piedra tallada o un pétalo de rosa escondido entre las páginas de un libro. Es todo eso y también un álbum de cromos que alguna vez coleccionó tu padre.

Por ANDRÉS TAPIA

El 8 de octubre del año 2010, los posts en Facebook de un colega periodista dejaron de aparecer de manera repentina. No nos conocíamos personalmente y nuestro trato se circunscribía tan sólo a la red social. Él me simpatizaba. Y supongo que yo a él.

Por ANDRÉS TAPIA

A Marisol Alcelay, por aquella historia incidental de Kasparov que ocurrió en Nueva York

  

Aunque la ciencia y la historia los derrumben, a la sociedad mexicana le gusta pensar que existen los milagros.

La leyenda sublime de la aparición de una virgen (la madre de Dios en la mitología cristiana), en un cerro al norte de la Ciudad de México, sirvió de cabeza de puente y pretexto a la Iglesia Católica para evangelizar al pueblo de la Nueva España y prácticamente a todas las colonias del Nuevo Mundo.

Por ANDRÉS TAPIA

Hasta el año 2006 yo era un semi-analfabeta tecnológico. Tuve mi primer teléfono móvil ese año, un Razr de Motorola, y lo tuve por obligación: en la revista en la que trabajaba entonces me lo asignaron, si bien les plantee una condición: “Yo no quiero tener un teléfono móvil, tú quieres que lo tenga. Luego entonces, tú lo pagas”. Así ocurrió.