Por ANDRÉS TAPIA

Hola, soy Hannah. Hannah Baker. Así es. No ajustes el… cualesquier que sea el aparato en el que escuchas esto. Soy yo, en vivo y en estéreo. Debes saber que no haré una gira del regreso, tampoco bises y en esta ocasión no habrá complacencias. Ve por un bocadillo, ponte cómodo… porque estoy a punto de contarte la historia de mi vida. O, siendo más precisa, las razones de por qué terminó mi vida. Y si estás escuchando este casete es porque tú eres una de esas razones.

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Por ANDRÉS TAPIA

Pablo Escobar yace junto a mí, en el tejado de un edificio en Medellín. Postrados bocabajo, creo recordar que ambos tratamos de esquivar los disparos que una tropa de élite nos prodiga a discreción. Pero no percibo el sonido de las balas, tampoco el olor a pólvora, y mucho menos la sensación de temor.

El edificio tiene cuatro, cinco pisos, no demasiados pero sí suficientes para causar la muerte de alguien que cayese de ahí. Veo los pies descalzos de Escobar, sus vaqueros desteñidos y su polo color azul marino. No veo su rostro.

Por ANDRÉS TAPIA

En el episodio nueve de la temporada número uno de la serie de televisión Better Call Saul, Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks), un ex policía que trabaja como dependiente en un estacionamiento, y Daniel “Pryce” Wormald (Mark Proksch), vendedor especializado de una compañía farmacéutica que roba lotes de pastillas y los vende a un narcotraficante, sostienen el siguiente diálogo.

Mike: La lección es: Si vas a ser un criminal, haz la tarea.

Pryce: Espera, no soy un tipo malo.

Mike: No dije que fueras malo. Dije que eres un criminal.

Pryce: ¿Cuál es la diferencia?

Por ANDRÉS TAPIA

El año 1991, en Holanda, se transmitió un programa de televisión llamado Nummer 28. Siete jóvenes que no se conocían entre sí, fueron alojados en una residencia de estudiantes y sus vidas observadas por espacio de varios meses. Parecía un experimento interesante, pero la audiencia no lo vio así y el programa fue cancelado luego de una temporada. El año siguiente MTV intentó algo similar, y también la BBC, pero el resultado fue el mismo.

Las cosas cambiarían algo menos de una década más tarde con la aparición de los programas Survivor y Big Brother. Por un tiempo pareció interesante observar a un grupo de extraños reunido en un sitio cercado, fuese éste una isla, una región o una residencia. Sin embargo, con el paso de los años, el modelo se agotó –si bien no por completo– y la vida de una decena de desconocidos que interactuaban y competían entre sí se volvió un asunto soso e idiota.