Por ANDRÉS TAPIA

La noche del domingo 26 mayo de 2013, poco antes de las 22.00 horas, un hombre enfrentaba un naufragio. Miguel Herrera, director técnico del Club de Fútbol América de México, en medio de una lluvia pertinaz, contemplaba su reloj mientras su equipo perdía frente al Cruz Azul por un marcador global de 2 goles a 0.

Por ANDRÉS TAPIA

En la película Enemy at the Gates (Jean-Jacques Annaud, 2001), el comisario Danilov, personificado por Joseph Finnes, responde a Nikita Khrushchev (Bob Hoskins) cuando éste pide sugerencias a sus generales para dar una lección a las desmoralizadas tropas soviéticas en Stalingrado: “Démosles esperanza”.

Por ANDRÉS TAPIA

Las palabras suelen traicionar. La infancia también.

Guardo en la memoria, como un tesoro, el recuerdo y el diálogo entre un niño y un hombre joven en una tienda de cómics en Buenos Aires, Argentina, que ojalá aún exista en la calle de Corrientes.

Es el otoño de 2001, un mes antes de los “cacerolazos” en Argentina y casi uno después del 11 de septiembre en Estados Unidos. El chico llega corriendo, de la mano de su padre, y así, corriendo, se dirige hacia uno de los vendedores. De botepronto, sin decir hola, le pregunta: “Decime… ¿por qué Bane le rompió la espalda a Batman si Batman es invencible?”.

Por ANDRÉS TAPIA

La memoria no sólo es una “facultad psíquica por medio de la cual se recuerda y se retiene el pasado” (RAE dixit), es también el conjunto de archivos, información, imágenes u objetos que los seres humanos suelen guardar para retener al pasado. Es una fotografía, una escultura, una piedra tallada o un pétalo de rosa escondido entre las páginas de un libro. Es todo eso y también un álbum de cromos que alguna vez coleccionó tu padre.

Por ANDRÉS TAPIA / Fotografía: GABRIEL NUNCIO

Hay días en los que no quiero escribir… aunque sepa que tengo que hacerlo.

Me escabullo temprano del trabajo para no lidiar con el tráfico de la Ciudad de México, para beberme un café, leer las notas de prensa, disponer de más tiempo. Y cuando llego a mi casa enciendo un cigarrillo –y luego otro–, y camino entre la mesa y la sala, entre el pasado y el presente, asomo a la ventana, orino cien veces, vislumbro el futuro y regreso a mi silla en la que me revuelvo como más tarde lo haré en mi cama. Luego observo a los vecinos encender las luces conforme avanza la noche; pongo un disco de Vivaldi; abro la puerta a Mary, la portera; le digo “hola”, “adiós”, “no te vayas”, “no quiero estar conmigo esta noche”, “no quiero escribir”. Pero Mary ya se ha ido.

–¿Y si escribes mañana, Andrés?

Por ANDRÉS TAPIA

Cuando era niño, en la escuela primaria, por esas estupideces que uno hace cuando es niño, encontré divertido, junto con un amigo, arrojar mi mochila, con todo su contenido, a un charco de agua. Era la hora de la salida del colegio.

Una vecina, mayor que yo, Lucy Bernal, hija de unos amigos de mis padres, se dio cuenta y me instó a que dejara de hacerlo. Me detuvo y sacó mis libros, mis cuadernos, y empezó a sacudirles el agua. De pronto advirtió: “Andrés, ahí viene tu papá”. No recuerdo qué pasó después, que dijo mi papá, qué dijo Lucy, o qué. Sólo atisbo que me llevaba fuertemente cogido de la mano a casa.

Una vez que llegamos ahí no dijo nada más: se quitó el cinturón, me pidió que me diese vuelta, y me golpeó las nalgas no sé cuántas veces. Yo tendría seis o siete años. Me dolió, pero no derramé una sola lágrima.

Por ANDRÉS TAPIA

Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Marzo 17, 2014.

19:00 horas.

Una agente federal de aproximadamente 1.65 metros de estatura, me detiene tras haber superado el semáforo del control de aduanas. En México se práctica una inspección aleatoria para detectar el ingreso de mercancías susceptibles de pago de impuestos al país. Dicha inspección es muy simple: un panel electrónico exhibe un botón de color rojo que los recién llegados, nacionales o extranjeros, deben oprimir luego de haber sometido a un scanner todo el equipaje que portan consigo. Si luego de oprimir el botón la pantalla se ilumina de color verde, el viajero obtiene un salvoconducto para evitar la inspección; si en cambio es rojo, deberá someter todo su equipaje al escrutinio de los “feds”.

Por ANDRÉS TAPIA

“La mañana del tercer día era fresca y serena. Una vez más, el solitario vigía de la noche fue reemplazado en el trinquete por una multitud de vigías diurnos que puntearon cada mástil, cada verga.

––¿La ven? ––gritó Ahab.

Pero la ballena aún era invisible.

––No tienen más que seguir su estela. Es infalible. Y eso es todo. ¡Eh, timonel, en rumbo! ¡Siempre el mismo! (…)”.

Moby Dick o La Ballena Blanca (La caza. Tercer día)

Por ANDRÉS TAPIA

El 1 de febrero de 1964, la canción “I Want To Hold Your Hand” de The Beatles, alcanzó el puesto número 1 en las listas de popularidad de los Estados Unidos. Fue el primer sencillo del grupo inglés en alcanzar dicha posición y el que a la postre les granjearía la conquista del mercado estadounidense.

Por ANDRÉS TAPIA

Hace algunos meses Alejandro perdió su negocio. Perdió también mucho dinero. Y 45 kilos. Tenía una pequeña empresa dedicada a la publicidad de la cual tuvo que deshacerse para, entre otras cosas, mover las estrellas.

Por ANDRÉS TAPIA

Es difícil creer lo que dice Nepomuceno Moreno. Aunque esté diciendo la verdad. Y es mucho más difícil cuando con una sonrisa diáfana –y por diáfana debe entenderse: que deja pasar la luz–, dice: “Aquí andamos… buscando a nuestro hijo”.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: TOM CHAMBERS

Quienes lean estas líneas y no estén familiarizados con la expresión que da título a esta columna, tendrían que saber que esta última forma parte de la ideología, la idiosincrasia y los modus vivendi y operandi de la gente nacida en México. Paradójicamente, a pesar de que se halla situada entre dos signos de interrogación, no se trata de una pregunta, sino de una afirmación. Y lo que afirma es una verdad de Perogrullo, matizada con el singular cinismo de una sociedad poco adepta al cumplimiento de las reglas y en cambio adicta a la impunidad: “un poco no es demasiado”.

Por ANDRÉS TAPIA

Eres un migrante. Naciste en Honduras, El Salvador, Ecuador, Guatemala o México. Por alguna razón, y puede ser cualquier razón, no tienes dinero hoy. Tampoco lo tuviste ayer y, por inferencia, es más que probable que no lo tengas mañana. Y si lo tienes, es tan poco que da lo mismo tener eso que no tener nada.

Por ANDRÉS TAPIA

No era niño ya, pero aún tenía algo de niño. Y no sé bien por qué, pero decidí que quería repartir periódicos por las mañanas.

Una día descubrí un anuncio en un periódico local: “Se solicita repartidor de periódicos”. Arranqué la página y con 16 años y todas las ilusiones que pueden tenerse a esa edad, me presenté en una pequeña oficina situada en Viveros de la Loma, un barrio de clase media situado en la periferia de la Ciudad de México.

Por ANDRÉS TAPIA

Hace unos 70 millones de años existió en la Tierra un dinosaurio llamado Velociraptor. La siempre excitada e infantil imaginación del cineasta norteamericano Steven Spielberg, lo llevó a concebirlo en la saga cinematográfica Jurassic Park como un saurio de dos metros de estatura, que cazaba en grupos y era extremadamente inteligente.

Por ANDRÉS TAPIA

La canción a la que más tiempo le ha tomado llegar a la cima de las listas de popularidad pertenece a David Bowie. Se escuchó por primera vez en la radio el 11 de julio de 1969, tan sólo unos días antes de que la misión Apollo 11 despegase de la Tierra (julio 16), para luego alunizar el 20 de julio a las 20:17:40 horas (UTC) en el Mar de la Tranquilidad de la Luna. Mientras la nave descendía en el único satélite de la Tierra, en la transmisión televisiva de la BBC la hicieron sonar como música de fondo. David Bowie, quien entonces tenía 22 años, miró y escuchó fascinado todo aquello sin creerlo del todo.

Por ANDRÉS TAPIA

El México que me enseñaron a admirar y a querer en el colegio, comenzó a desmoronarse el verano de 1978. Aquel año se celebró el Mundial de Fútbol en Argentina y la Selección Mexicana, aquel equipo del cual yo coleccioné todas las tarjetas que puso en el mercado la empresa Coca-Cola, perdió frente a Túnez, Alemania y Polonia por marcadores escandalosos: 3-1, 6-0, 3-1.

Yo tenía tan sólo diez años.

Por ANDRÉS TAPIA

Alguna vez una mujer me contó una historia muy extraña y sórdida que define a la perfección a México. En la familia de esta persona había dos hombres con el mismo nombre, pongamos, Pedro. Hijos de dos hermanos, para distinguirlos, solían llamarles Pedro “el nuestro” y Pedro “el suyo”.