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Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: AP

A mi amigo Luis Bueno, él sabe porqué…

Se llama Luka, tiene seis años y una visión del mundo tan pueril como eso aunque al mismo tiempo demasiado madura.

Es hijo de Bernadien y Arjen, hermano mayor de Kai y Lynn. Para él, como para cualquier otro chico de su edad, el concepto de felicidad debería estar contenido en las cosas más simples: la mañana de Navidad, la visión de una bicicleta, un beso de su madre, un balón de fútbol.

Pero Luka no es del todo un chico normal. Su padre es un hombre famoso que aparece en televisión cada semana, y que tiene amigos tan famosos como él. Luka los ha saludado, ellos lo han sostenido en brazos, e incluso se han tomado fotografías juntos.

Por ANDRÉS TAPIA

La noche del domingo 26 mayo de 2013, poco antes de las 22.00 horas, un hombre enfrentaba un naufragio. Miguel Herrera, director técnico del Club de Fútbol América de México, en medio de una lluvia pertinaz, contemplaba su reloj mientras su equipo perdía frente al Cruz Azul por un marcador global de 2 goles a 0.

Por ANDRÉS TAPIA

El 8 de junio de 1990, poco después del mediodía, en algún sitio de la calle 5 de febrero, en el centro sur de la Ciudad de México, me detuve en una caseta telefónica y llamé a mi amigo Álvaro Capistrán para decirle que avisara a todos los integrantes de la editorial en la que trabajábamos ambos, que se asomasen a la ventana.

–Voy a pagar mi apuesta –le advertí y colgué la bocina.

Por ANDRÉS TAPIA

En la película Enemy at the Gates (Jean-Jacques Annaud, 2001), el comisario Danilov, personificado por Joseph Finnes, responde a Nikita Khrushchev (Bob Hoskins) cuando éste pide sugerencias a sus generales para dar una lección a las desmoralizadas tropas soviéticas en Stalingrado: “Démosles esperanza”.

Por ANDRÉS TAPIA

Las palabras suelen traicionar. La infancia también.

Guardo en la memoria, como un tesoro, el recuerdo y el diálogo entre un niño y un hombre joven en una tienda de cómics en Buenos Aires, Argentina, que ojalá aún exista en la calle de Corrientes.

Es el otoño de 2001, un mes antes de los “cacerolazos” en Argentina y casi uno después del 11 de septiembre en Estados Unidos. El chico llega corriendo, de la mano de su padre, y así, corriendo, se dirige hacia uno de los vendedores. De botepronto, sin decir hola, le pregunta: “Decime… ¿por qué Bane le rompió la espalda a Batman si Batman es invencible?”.

Por ANDRÉS TAPIA

El modelo económico de la oferta y la demanda enuncia, en su primera ley, que cuando la última excede a la primera, el precio de un bien suele aumentar. Pero, si ocurre a la inversa, entonces el precio disminuye.

Por ANDRÉS TAPIA

Te contaré la historia, pero debo advertirte que no será sencillo digerirla.

Es una historia de todos los días, aunque no de todos los tiempos. Ocurre desde hace algunos años aunque cada vez con mayor frecuencia.

En un lugar del espacio-tiempo llamado México, la gente desaparece y no se vuelve a saber jamás de ella. Salen de casa rumbo al trabajo –sea cual sea su trabajo: poeta, bombero, vendedor de pan, periodista…–, al parque, a un bar. Y con los modos fascinantes de la magia se esfuman.

Por ANDRÉS TAPIA / Fotografía: GABRIEL NUNCIO

Hay días en los que no quiero escribir… aunque sepa que tengo que hacerlo.

Me escabullo temprano del trabajo para no lidiar con el tráfico de la Ciudad de México, para beberme un café, leer las notas de prensa, disponer de más tiempo. Y cuando llego a mi casa enciendo un cigarrillo –y luego otro–, y camino entre la mesa y la sala, entre el pasado y el presente, asomo a la ventana, orino cien veces, vislumbro el futuro y regreso a mi silla en la que me revuelvo como más tarde lo haré en mi cama. Luego observo a los vecinos encender las luces conforme avanza la noche; pongo un disco de Vivaldi; abro la puerta a Mary, la portera; le digo “hola”, “adiós”, “no te vayas”, “no quiero estar conmigo esta noche”, “no quiero escribir”. Pero Mary ya se ha ido.

–¿Y si escribes mañana, Andrés?

Por ANDRÉS TAPIA

Cuando era niño, en la escuela primaria, por esas estupideces que uno hace cuando es niño, encontré divertido, junto con un amigo, arrojar mi mochila, con todo su contenido, a un charco de agua. Era la hora de la salida del colegio.

Una vecina, mayor que yo, Lucy Bernal, hija de unos amigos de mis padres, se dio cuenta y me instó a que dejara de hacerlo. Me detuvo y sacó mis libros, mis cuadernos, y empezó a sacudirles el agua. De pronto advirtió: “Andrés, ahí viene tu papá”. No recuerdo qué pasó después, que dijo mi papá, qué dijo Lucy, o qué. Sólo atisbo que me llevaba fuertemente cogido de la mano a casa.

Una vez que llegamos ahí no dijo nada más: se quitó el cinturón, me pidió que me diese vuelta, y me golpeó las nalgas no sé cuántas veces. Yo tendría seis o siete años. Me dolió, pero no derramé una sola lágrima.

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Por ANDRÉS TAPIA

El acto de mentir ostenta dos facetas: la benévola y la malévola. La primera es utilizada para salvarse a uno mismo (en La Biblia, con tal de no ser apresado, Pedro el Apóstol miente y niega a Jesús tres veces). La malévola, en cambio, tiene por objetivo engañar a los demás y obtener una ventaja (sin existir contacto alguno, Cristiano Ronaldo se arroja al césped dentro del área y finge haber sido tropezado por un contrario con tal de que el árbitro señale un tiro penal a favor de su equipo).

En el primer caso, la mentira se halla patinada de cobardía. En el segundo, de perversidad.

Por ANDRÉS TAPIA

Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Marzo 17, 2014.

19:00 horas.

Una agente federal de aproximadamente 1.65 metros de estatura, me detiene tras haber superado el semáforo del control de aduanas. En México se práctica una inspección aleatoria para detectar el ingreso de mercancías susceptibles de pago de impuestos al país. Dicha inspección es muy simple: un panel electrónico exhibe un botón de color rojo que los recién llegados, nacionales o extranjeros, deben oprimir luego de haber sometido a un scanner todo el equipaje que portan consigo. Si luego de oprimir el botón la pantalla se ilumina de color verde, el viajero obtiene un salvoconducto para evitar la inspección; si en cambio es rojo, deberá someter todo su equipaje al escrutinio de los “feds”.

Por ANDRÉS TAPIA

“La mañana del tercer día era fresca y serena. Una vez más, el solitario vigía de la noche fue reemplazado en el trinquete por una multitud de vigías diurnos que puntearon cada mástil, cada verga.

––¿La ven? ––gritó Ahab.

Pero la ballena aún era invisible.

––No tienen más que seguir su estela. Es infalible. Y eso es todo. ¡Eh, timonel, en rumbo! ¡Siempre el mismo! (…)”.

Moby Dick o La Ballena Blanca (La caza. Tercer día)

Por ANDRÉS TAPIA

Ésta no es mi historia. No participo en ella ni tampoco la escribí. Pero algo tiene que ver conmigo. Algo.

Una mañana azul de un día de marzo, en un orfanato feliz (si tal cosa puede existir), una niña llamada María conoce a un chico más o menos de su misma edad (o quizá de su misma edad) que padece una disfunción cerebral y motriz en todo el cuerpo. El chico no tiene nombre, aunque esto no es exacto: sí lo tiene, es sólo que no puede decirlo. Y, si pudiese, seguramente no lo recordaría.

Por ANDRÉS TAPIA // Fotografía: CUARTOSCURO

Al gobernador del estado mexicano de Veracruz le gustan las fotografías, las redes sociales y es un practicante denodado del culto a la personalidad.

Se llama Javier Duarte, nació el 19 de septiembre de 1973, posee una licenciatura en Derecho por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, una Maestría en Derecho, Economía y Políticas Públicas por el Instituto Universitario Ortega y Gasset (de la Fundación José Ortega y Gasset de Madrid, España), y también es maestro en Gestión Pública Aplicada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), amén de contar con un doctorado en Economía e Instituciones por la Universidad Complutense de Madrid (todo ello de acuerdo a los datos que recoge la Wikipedia).

Por ANDRÉS TAPIA

El 8 de octubre del año 2010, los posts en Facebook de un colega periodista dejaron de aparecer de manera repentina. No nos conocíamos personalmente y nuestro trato se circunscribía tan sólo a la red social. Él me simpatizaba. Y supongo que yo a él.

Por ANDRÉS TAPIA

El 1 de febrero de 1964, la canción “I Want To Hold Your Hand” de The Beatles, alcanzó el puesto número 1 en las listas de popularidad de los Estados Unidos. Fue el primer sencillo del grupo inglés en alcanzar dicha posición y el que a la postre les granjearía la conquista del mercado estadounidense.

Por ANDRÉS TAPIA

Los héroes surgen en la infancia, tiempo en el que justa y precisamente es necesario encontrar un modelo a seguir o imitar. Eso no descarta la posibilidad de que existan héroes tardíos, pero estos casos suelen ser pocos y extraños.

Por ANDRÉS TAPIA

Hace algunos meses Alejandro perdió su negocio. Perdió también mucho dinero. Y 45 kilos. Tenía una pequeña empresa dedicada a la publicidad de la cual tuvo que deshacerse para, entre otras cosas, mover las estrellas.

Por ANDRÉS TAPIA

Es difícil creer lo que dice Nepomuceno Moreno. Aunque esté diciendo la verdad. Y es mucho más difícil cuando con una sonrisa diáfana –y por diáfana debe entenderse: que deja pasar la luz–, dice: “Aquí andamos… buscando a nuestro hijo”.

Por ANDRÉS TAPIA

Juego al juego de la guerra por las noches. Y a veces durante los días. Cuando lo hago dejo de ser Andrés, aunque sólo sea por unos minutos, y me convierto en el rey Solfarid. Con ese nombre e identidad, defiendo y peleo por el reino de Brittania. Mi reino.